POR Eric Corrales | 21 de mayo de 2026, 17:08 PM

La ejecución de Tony Carruthers, condenado a la pena de muerte por el asesinato de tres personas en 1994, fue suspendida en Tennessee luego de que el equipo médico no lograra encontrarle las venas para aplicarle la inyección letal.

El procedimiento se detuvo tras más de una hora de intentos fallidos para establecer una vía intravenosa secundaria, requisito del protocolo estatal. El gobernador Bill Lee anunció inmediatamente una suspensión de un año, mientras el caso reabre el debate sobre la pena capital en Estados Unidos.

Según informó a los medios locales el Departamento de Correcciones de Tennessee, se logró colocar una línea primaria, pero no fue posible establecer la segunda. Incluso los intentos de insertar una línea central fracasaron, lo que obligó a cancelar la ejecución.

La abogada de Carruthers, Maria DeLiberato, representante de la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU), relató a medios como AP y BBC que el condenado “gemía y se retorcía” durante los intentos, calificando la escena como “horrible”. Entre lágrimas, expresó alivio tras conocerse la suspensión: “¡Es increíble! Estoy muy agradecida”.

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Este no es un caso aislado. Según los datos de algunos medios, desde 2009 al menos seis ejecuciones en Alabama, Idaho y Ohio han sido detenidas por dificultades similares.

En Idaho, por ejemplo, en 2024, el intento de ejecutar a Thomas Creech fracasó tras ocho intentos de establecer una línea intravenosa. Posteriormente, el gobernador Brad Little firmó una ley que convirtió al pelotón de fusilamiento en el método principal de ejecución en ese estado.

El caso Carruthers forma parte de la polémica sobre la pena de muerte y los protocolos de ejecución en Estados Unidos, donde persisten cuestionamientos legales y éticos en algunos estados.