POR Eric Corrales | 21 de abril de 2016, 3:00 AM

Nacho Dean es un español que hace tres años decidió emprender una gran, dura y hasta peligrosa aventura al decidir darle la vuelta al mundo pero de una forma diferente... simplemente hacerlo caminando.

Dean duró tres años para poder pasar por 31 países y cuatro continentes, saliendo desde Madrid y volviendo al mismo punto.

Entre los países que recorrió está Costa Rica, donde destacó la increíble naturaleza y la belleza de las aves y montañas de nuestro país.

"Afronté la subida al cerro de la Muerte, hasta los 3.335 metros de altitud, llegando al alto en una sola jornada, completamente mojado y casi de noche tras varias horas caminando bajo la lluvia... Pude contemplar por primera vez en mi vida el vuelo del quetzal y del tucán, hermosas aves de colores. Me gusta la montaña, mi cuerpo está acostumbrado a las subidas, es más, le gustan el frío, los bosques silenciosos, el esfuerzo, la tranquilidad", aseguró el joven al medio español El Mundo.

El caminante gastó ocho pares de ruedas de su triciclo de apoyo y 12 pares de tenis, incluso tiene las fotografías de cómo iban quedando desgastadas las suelas conforme consumía los kilómetros.

Mencionó que vivió momentos únicos e increíbles para cualquier ser humano, por ejemplo, pudo constatar el estado en el que se encuentran realmente varios países y muchos ecosistemas, dormir en templos budistas en Nepal, estar en mitad de la jungla en Ecuador observando miles de luciérnagas iluminar los árboles y estar frente a un rinoceronte.

El europeo resume su largo trayecto de 33.000 kilómetros en cinco palabras: intenso, inevitable, valiente único e irrepetible.

El joven también pasó situaciones de peligro que pusieron en riesgo su vida, algunas extremas, como estar en medio de un atentado terrorista en Dhaka, cuando lo intentaron asaltar miembros de las Maras Salvatruchas en el Salvador, estuvo enfermo de chikungunya y escapó de la malaria y el dengue.

Lo más terrible que vivió, según asegura al diario El Mundo, fue en la India, donde "Por las calles pude ver a gente, no harapienta, sino en la más absoluta miseria, mugrientos... Con moscas en la boca, como los perros. Niños descalzos rebuscando entre la basura, contentos por haber encontrado un alambre”.

Este relacionista público dice que regresó siendo un hombre nuevo y toda su vivencia la plasmará en un libro que escribirá muy pronto.

“Una de las lecciones de este viaje es que si aprendes a ser una persona desprendida y agradecida, la vida te irá poniendo en el camino todo aquello que necesites”, concluye el aventurero al rotativo.

Si usted desea conocer más sobre la gran aventura de este joven español, puede visitar su sitio web haciendo clic en este enlace.