POR Deutsche Welle | 9 de febrero de 2026, 15:20 PM
El jueves 29 de enero se estrenó en Netflix la cuarta temporada de Los Bridgerton, una de las series más exitosas de la era del streaming.
El protagonista pasa ahora a ser Benedict Bridgerton, el tercero de los cuatro hijos de la viuda Violet Bridgerton. Benedict no quiere casarse, ya que prefiere seguir viviendo una vida artista y bohemia, pero, en un baile de máscaras, conoce a una misteriosa belleza que lo cautiva desde el primer momento.
Antes de la medianoche, la "mujer de plata" desaparece y, en su apresurada huida, pierde un guante (los paralelismos con La Cenicienta de Grimm no son casualidad). Benedict intenta localizar a la propietaria del guante, pero busca en el lugar equivocado, porque la bella desconocida no es quien parece ser...
Una vez más, Los Bridgerton narra un cuento de hadas insertado en típicas historias de amor rodeadas de escándalos, bailes y trajes de época, pero combinando el relato con un espíritu moderno. Aquí no importa la precisión histórica, sino al contrario: la serie redefine el género histórico.
La parte 2 de la temporada 4 se estrenará en el jueves 26 de febrero de 2026 y al igual que la parte 1, contará con 4 episodios para un total de 8 capítulos.
Un pasado que nunca existió
La Inglaterra de principios del siglo XIX aparece en Los Bridgerton como un opulento mundo de fantasía. Apenas existen la pobreza, la suciedad y las dificultades sociales. Las damas visten con exhuberancia y a los caballeros tampoco les faltan lazos y volantes.
Aquí, la vida parece ser una interminable sucesión de bailes y fiestas, en la que predominan la riqueza, la belleza y la etiqueta. Llama la atención el reparto internacional. El color de la piel no importa, ni siquiera en el personaje de la reina: es la reina de una aristocracia diversa. El universo de Los Bridgerton no es históricamente correcto, pero sí deliberadamente inclusivo.
Visualmente, Los Bridgerton es también una serie deliberadamente recargada. Los colores son intensos, el vestuario suntuoso y los espacios más grandes de lo necesario. Cada escena está diseñada para causar impacto, casi como un cuadro. En un mundo mediático, fuertemente marcado por las imágenes, esta estética funciona a la perfección.
Estructura clara, grandes emociones
Basada en la serie de novelas homónima de la autora estadounidense Julia Quinn, cada temporada se centra en una historia de amor. Esto le da estructura y claridad emocional. En torno a una pareja protagonista, Los Bridgerton teje una densa red de personajes secundarios, conflictos familiares y escándalos. El final feliz es previsible, pero el camino hasta llegar a él es emocionante.
En el baile, la orquesta de cuerda toca música pop moderna al estilo de Mozart. Los bailes de sociedad son ampulosos y casi grotescos, los diálogos utilizan un lenguaje ligeramente anticuado y poético, pero parecen provenir del presente. Porque, en esencia, las historias que cuenta Los Bridgerton tratan temas que son comprensibles a nivel global: cuestiones actuales sobre las relaciones en antiguas estructuras de poder, matrimonios concertados, deseos prohibidos, presiones sociales.
La sexualidad como identidad femenina
La representación abierta de la sexualidad es una característica distintiva de la serie. La mayoría de las escenas emanan un erotismo cálido y romántico, no pretenden provocar, pero plantean cuestiones sobre el deseo, la reputación, la intimidad y el propio cuerpo.
El deseo femenino ocupa un lugar central. Los Bridgerton cuenta la historia de mujeres que aprenden a expresarlo, independientemente de su edad o imagen corporal. Las convenciones históricas son el vehículo para abordar temas modernos como el consentimiento, la libertad de elección y el trabajo emocional.
Reparto diverso
El reparto deliberadamente diverso es fundamental para el impacto de la serie. Este estilo narrativo tiene su origen cultural en el musical de Broadway Hamilton, que en 2015 contó con actores no blancos para interpretar a los padres fundadores de los Estados Unidos. Allí se reinterpretó la historia.
La exitosa creadora de series Shonda Rhimes trasladó este principio a la televisión. Desde el principio, apostó por el llamado colorblind casting, cuyo objetivo es dar prioridad a la idoneidad de los actores para el papel, promover la diversidad y evitar las representaciones estereotipadas.
Ahora, muchas series siguen este enfoque, desde la secuela de Los Bridgerton, Queen Charlotte, pasando por The Great, The Buccaneers y María Antonieta, hasta formatos de fantasía como House of the Dragon o The Witcher.
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