Ciencia
Neuroprótesis con IA permite a un hombre con ELA "hablar" de nuevo
En un experimento sorprendente, implantes cerebrales lograron reconocer palabras que el paciente intentaba decir, y la IA recreó su voz original.
"Lo extrañaremos profundamente y lo recordaremos con cariño. Adoraba a sus fans y estaba eternamente agradecido".
Así se expresaba el equipo de comunicación del actor estadounidense Eric Dane, famoso por series como "Anatomía de Grey" y "Euphoria", cuando este jueves informaron sobre su fallecimiento por Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA).
Figuras del mundo del entretenimiento no tardaron en expresar su pesar y en resaltar no solo el talento, sino también la calidad humana del intérprete de 53 años, quien hacía apenas 11 meses había anunciado que padecía la enfermedad.
"Enojado", dijo Dane que se sentía el pasado verano boreal en una entrevista con el programa Good Morning America, porque sabía que existía la posibilidad de morir cuando sus hijas aún son adolescentes de 14 y 15 años.
"Porque, ya sabes, mi padre me fue arrebatado cuando yo era pequeño", señaló entonces. "Y ahora hay muchas posibilidades de que yo también les sea arrebatado a mis hijas cuando todavía son muy jóvenes", agregó.
En los meses posteriores, Dane, que también actuó en filmes como Marley & Me y Valentine's Day, se dedicó a crear conciencia sobre la enfermedad neurodegenerativa.
Otras personalidades también han padecido esta condición, que no tiene cura y afecta el movimiento de los músculos.
Un caso reciente fue el fallecimiento en 2023 de Bryan Randall, fotógrafo y expareja de la actriz Sandra Bullock, cuya muerte generó un enorme interés por conocer más sobre la enfermedad.
Aunque la figura más conocida podría ser el físico Stephen Hawking, quien murió en 2018 y en un caso extraordinario vivió 55 años con ELA.
La mayoría de los pacientes, según la Clínica Mayo, viven entre 2 y 3 años luego de desarrollar síntomas.
En el caso de Dane, los signos de este padecimiento se manifestaron en muy poco tiempo.
La esclerosis lateral amiotrófica (ELA) es una enfermedad progresiva que no tiene cura.
Se considera una de las enfermedades motoneuronales que padecen dos de cada 100.000 personas en el planeta, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Se produce cuando las neuronas de los pacientes afectados por la enfermedad se desgastan o mueren y ya no pueden enviar mensajes a los músculos.
Esto provoca a corto y medio plazo el debilitamiento de los músculos, contracciones involuntarias e incapacidad para mover los brazos, las piernas y el cuerpo.
Suele comenzar con espasmos musculares y debilidad en un brazo o una pierna, dificultad para tragar o para hablar, pero a medida que avanza afecta la capacidad de moverse e incluso de respirar.
La causa más común de muerte para las personas con ELA es la insuficiencia respiratoria, según la Clínica Mayo.
La debilidad en los músculos que intervienen en la deglución también causa mayor riesgo de que entren alimentos, líquidos o saliva en los pulmones, lo que puede causar neumonía
Cerca de un 10% de los casos de personas con ELA responden a una causa genética o hereditaria. En el resto, se desconoce la causa, de acuerdo con esta institución médica.
La ELA es una de las principales enfermedades neurodegenerativas, junto con el Parkinson y el Alzheimer.
La edad es el factor predictivo más importante para su aparición, siendo más prevalente en pacientes de entre 55 y 75 años, según el Ministerio de Sanidad de Brasil.
A la ELA se la conoce también como la enfermedad de Lou Gehrig, el nombre del exjugador de béisbol de los Yankees de Nueva York que la padeció y murió a los 38 años, en 1941.
Los síntomas suelen empezar a manifestarse a partir de los 50 años, pero también pueden aparecer en personas más jóvenes.
Esta enfermedad no suele afectar los sentidos, que incluyen la capacidad del gusto, olfato, vista, tacto y oído.
Entre los síntomas, las personas con ELA presentan:
El riesgo de padecer ELA se ha asociado a factores ambientales, según la Clínica Mayo.
Las pruebas demuestran que fumar es un factor de riesgo, así como la exposición al plomo u otras sustancias en el lugar de trabajo o el hogar.