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Periodista de Telenoticias sufre aparatoso accidente: "El cinturón salvó mi vida"
El comunicador relató que, al momento en que su carro volcó, llovía intensamente en Limón.
El periodista Jason Ureña regresó este viernes a sus labores en Telenoticias luego de permanecer dos meses incapacitado por las lesiones que sufrió en un accidente de tránsito en Limón.
El comunicador tuvo que someterse a una cirugía y completar un proceso de terapia para recuperar la movilidad de su mano izquierda.
Ureña sufrió el accidente el 16 de agosto, cuando viajaba de Limón hacia San José, después de celebrar el Día de la Madre y el cumpleaños de su mamá junto a su familia.
La intensa lluvia y la acumulación de agua en la carretera provocaron que perdiera el control del vehículo, chocara contra una valla divisoria y volcara.
Durante su recuperación, el periodista recibió el apoyo de su pareja, su familia, sus amigos y sus compañeros de trabajo. Ahora regresa a sus funciones habituales, aunque todavía presenta un poco de inflamación y debe recuperar parte de la fuerza de su mano.
En una entrevista con Teletica.com, Ureña habló sobre el proceso de recuperación, los momentos más difíciles de la incapacidad y la emoción de volver al trabajo que tanto le apasiona.
El periodista trabaja en la edición meridiana y estelar del noticiero, y a partir de este viernes lo podrá ver de nuevo en pantalla.
Repase la entrevista completa:
—Bienvenido de vuelta. ¿Qué se siente estar de regreso?
—Bueno, muy feliz, porque el proceso de la incapacidad es un poquito complicado. Sobre todo, como ya he dicho antes, este trabajo es muy intenso. Hay que estar en el corre-corre, las coberturas y demás. Esos frenazos tan repentinos y esos golpes, como fue la incapacidad en este caso, generan siempre un impacto emocional.
Pero, bueno, con la ayuda de mi familia, de Valeria (Martínez, quien también es periodista de Telenoticias), que es mi pareja, de mis amigos, de los compañeros y de los jefes, todo fue más agradable. Por dicha, hoy estoy de regreso para efectuar todas las funciones que venía haciendo con regularidad.
—¿Cuánto tiempo estuvo fuera?
—Dos meses hoy, justamente. El 16 de agosto, yo venía de regreso para San José, luego de pasar el Día de la Madre allá con mi familia, y fue cuando ocurrió el accidente. Dos meses exactos. Hoy ya regreso.
—¿Qué fue lo primero que pasó por su mente cuando vio su mano y se dio cuenta de lo que había ocurrido con el accidente?
—Todo ocurre como en ese momento, en el instante del accidente. Todo ocurre como en cámara lenta, aunque fueron segundos.
Yo intenté maniobrar el carro para tratar de no colisionar con el otro vehículo que iba a la derecha. En ese momento choqué contra la valla divisoria. Eso ocurrió en segundos, pero todo fue como muy en cámara lenta.
Ahí vi cómo la mano llevó la peor parte, porque me llevé la mano a la cara para tratar de proteger la cabeza. Cuando el carro se volcó, vi cómo se estalló el vidrio y cómo los vidrios se incrustaron en algunas partes de la mano. También vi cómo empezó a inflamarse, las cortaduras, las quemaduras por los raspones y demás.
Ahí supe que, evidentemente, podía haber alguna fractura o algo así. Empezó a salir mucha sangre.
Cuando el carro se detuvo, observé que la camisa, que era blanca, estaba llena de sangre. Empecé a revisarme para ver qué más me había pasado, si tenía alguna herida en el pecho o algo así. Por dicha, no. Fue que uno de los vidrios tocó un vaso sanguíneo y eso hizo que saliera mucha sangre.
A veces, durante este período de dos meses, uno tiene mucha oportunidad de analizar y reflexionar. A veces uno maximiza o minimiza lo que ocurre. Entiendo que a otras personas les pudieron ocurrir cosas mucho peores.
Tuve mucha fortuna. Dios me protegió en ese momento para que solo fuera la mano. Pero, al final, es algo que pasó y que afectó mi salud. Tuve que pasar por la cirugía, la terapia y la incapacidad.
Como te decía, por dicha, con el apoyo de la familia, los amigos, Valeria, su familia y los compañeros, todo hizo que el proceso transcurriera rápido.
— ¿Cuántas terapias recibió aproximadamente? ¿Cuánto tiempo estuvo en terapia?
—Después de la cirugía, en la que me pusieron los tornillitos, los clavitos, las férulas y todo eso, el doctor indicó ocho sesiones de terapia. Fueron dos por semana.
El trabajo era, primero, tratar de recuperar un poco la movilidad y bajar la inflamación con calor, frío y electricidad. También utilizaban un aparato magnético que ayuda con el dolor y la inflamación.
Luego trabajamos en la movilidad y en el uso de algunos elementos, como las bolas o algo parecido a la plasticina. Eso ayudaba a devolverle la confianza a la mano y a recuperar un poco la fuerza de los dedos y de la muñeca, que estaba bastante limitada.
Todo eso me ayudó muchísimo. En cuestión de semanas pude recuperar la movilidad y bajar también muchísimo la inflamación.
Todavía hay un remanente de inflamación que, según el doctor, irá bajando en las próximas semanas. Pero, por dicha, no hay dolor ni nada así. No es algo incapacitante.
—¿Cómo está usted actualmente? ¿Hay actividades cotidianas que todavía se vean limitadas por la situación de la mano?
—He tratado de que, como parte de la terapia, la mano vuelva a la normalidad. Uno de los problemas que se trabajan en la terapia ocupacional es precisamente ese: usar el teclado, por ejemplo, tratar de utilizar la mano para agarrar la taza a la hora de tomar café o abrir el refrigerador. Se trata de devolverle esa normalidad a la mano.
Evidentemente, la mano perdió fuerza. Hay cosas que no puedo hacer. Si intento cambiar una llanta o algo así, se me va a complicar mucho.
Pero las cosas de la casa o del trabajo, como agarrar el micrófono, son actividades que sí puedo efectuar. Eso también era parte de la terapia, no solo física, sino también ocupacional.
Ahorita estoy bastante feliz por haber regresado al trabajo. Tengo dos meses encerrado prácticamente, solo saliendo a las terapias, al hospital y a las citas médicas. Así que estar aquí de regreso y poder hacer las funciones que hacía regularmente en el trabajo me tiene muy emocionado y muy feliz.
—Usted es un apasionado de su trabajo. ¿Cómo fue estar "fuera de la cancha" del periodismo durante dos meses?
—Muy, muy duro, porque sí, como se dice, es algo que me apasiona y que me gusta muchísimo.
Yo pensaba en algún momento que, a veces, cuando uno está en el día a día, siente que no pasan cosas. Pero, en ese momento en que yo no podía trabajar, estaban ocurriendo muchas cosas en las que no podía estar.
Por ejemplo, los temblores. Hubo un temblor bastante fuerte que ocurrió en la madrugada, creo que como a la una de la mañana. Yo vivo muy cerca del canal, entonces lo primero que pensé fue: "Voy a ir al canal", como muchos compañeros lo hicieron a esa hora de la madrugada.
Pero luego caí en cuenta de que estaba incapacitado y no podía.
Entonces sí hay un impacto emocional, porque no podía trabajar ni ocuparme en esto que me apasiona y que me gusta. Eso me tenía un poco triste.
—¿Cuál ha sido el principal reto que ha enfrentado durante estos dos meses?
—La paciencia. Eso, básicamente: tener paciencia y tranquilidad.
Uno piensa muchas cosas. Durante la incapacidad me vinieron a la mente todos los escenarios que pudieron haber ocurrido. Por ejemplo, que yo chocara con el otro carro que iba a la derecha, que hubiera herido a alguien o provocado la muerte de otra persona. También pude haber chocado de frente.
Si no chocaba contra la valla, me iba hacia el otro lado y chocaba quién sabe contra quién. Podría haber sido peor, con más golpes o incluso con la muerte.
Es muy difícil, porque se vienen a la mente todos los escenarios, el temor o el dolor que le pude haber causado a mi familia y a Valeria, que es mi novia.
También hay que tener paciencia para entender que todo es parte del proceso: el reposo, ir a las terapias y cumplir con todo eso. No poder trabajar y seguir al pie de la letra las indicaciones médicas para regresar cuanto antes.
Toda esa disciplina y esa paciencia creo que fueron el reto más importante.
—¿Cómo fue el recibimiento de sus compañeros hoy?
—Bien. De hecho, vine un poco más temprano porque sabía que, donde me detuviera, todos me iban a preguntar y tenía que contar todo de nuevo a cada uno de ellos.
Estuve en comunicación con muchos compañeros. Muchos me estuvieron preguntando durante estos dos meses por todo el proceso. Fueron un apoyo muy importante, tanto los jefes como los compañeros, que estuvieron muy pendientes.
Hoy me recibieron muy bien. Me saludaron, me avisaron y hemos estado compartiendo. No he visto a todos porque son muchos, pero la verdad es que fue un recibimiento bonito.
—Usted es de Limón y su familia está allá. ¿Cómo ha sido afrontar este proceso lejos de su mamá y de su casa?
—Sí, ha sido bastante difícil. Vale trabaja también acá en el canal y estuvo ahí en los momentos en que podía.
Mi mamá está en Limón, pero también pudo venir. Vino unas tres o cuatro veces. Mi hermano ahora vive en La Guácima, entonces también estuvo yendo las veces que podía.
Pero sí es bastante complicado, porque antes ya había tenido otras lesiones y otras situaciones cuando era adolescente. En ese momento iba con mi mamá a las citas y a todo esto, así que ahora hizo bastante falta.
Pero las veces que pudo, estuvo ahí acompañándome, ayudándome en todo lo que podía y también a la distancia.
—En una frase, ¿qué representa para usted poder volver hoy?
—Una bendición. Una bendición porque Dios estuvo ahí, me protegió y evitó que fuera una tragedia mayor.
Venir a trabajar a un trabajo como este, en una empresa como esta, la verdad es que es una bendición.