POR Elías Alvarado Jiménez | 21 de septiembre de 2026, 15:00 PM

La película costarricense Abril, de Hernán Jiménez, ganó el premio a Mejor Largometraje Internacional en el New York Latino Film Festival y llenó tres salas de cine en Nueva York durante el fin de semana (ver video adjunto).

Entre los asistentes, numerosos ticos encontraron en la pantalla una oportunidad para reconectarse con Costa Rica, sus costumbres y los recuerdos de una vida que dejaron atrás al emigrar.

El cineasta anunció el reconocimiento en sus redes sociales, donde agradeció al festival por presentar la producción y destacó el cariño recibido durante su visita.

Las presentaciones surgieron a partir de una invitación del festival. Según explicó Jiménez a Telenoticias, las entradas para esa función se agotaron tan rápido que decidió alquilar otras dos salas en Manhattan.

La primera tenía capacidad para 300 personas y estaba ubicada en Times Square. Los boletos se vendieron en aproximadamente 45 minutos. Ante esa respuesta, abrió otra presentación en Chelsea, en una sala para 569 espectadores.

De acuerdo con el cineasta, las tres funciones se llenaron.

“Ha sido una experiencia maravillosa. Nunca había recibido una retroalimentación tan sentida”, expresó Jiménez.

La respuesta del público también se reflejó en los testimonios de quienes salieron de la sala con recuerdos de las calles, las costumbres y la vida cotidiana costarricense.

Ivannia Campos, quien salió de Costa Rica hace 17 años, explicó que las escenas le hicieron recordar lugares del país y despertaron su deseo de regresar.

“Te devuelve a casa”, resumió. Para ella, incluso detalles como un apartamento sobre una cantina fueron suficientes para revivir esos recuerdos.

Viviana Hernández describió una experiencia similar, marcada por el tiempo que lleva sin visitar Costa Rica. “23 años sin ir a Costa Rica. Eso fue como volver”, relató.

Durante la proyección, Hernández recordó calles, turnos, comidas y olores que asocia con su país. La película le permitió sentir, por un momento, que estaba nuevamente allá. “Yo creo que eso no tiene precio”, añadió.

Por su parte, Manuel Jiménez, quien lleva 25 años fuera de Costa Rica, contó que la historia lo reconectó con aspectos de su identidad.

“La película me permitió nuevamente revivir esa esencia de Costa Rica”, afirmó.

Además de los escenarios, destacó la manera en que la producción retrata a los costarricenses.

“Muchas veces nos olvidamos de los valores que nos representan como ticos”, comentó. Para él, verlos reflejados en la pantalla fue un recordatorio que le produjo una gran emoción.

Hernán Jiménez también percibió esa conexión entre el público y la película. Al escuchar las reacciones, reconoció que muchos asistentes habían vivido una especie de regreso al país, a sus costumbres y a su acento.

El cineasta destacó el valor de compartir una historia dentro de una sala y cómo esa experiencia colectiva da otro significado a las risas y al llanto.

“Para mí fue inolvidable, no me lo esperaba”, dijo sobre la respuesta de los costarricenses en Nueva York.

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