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De Monroe a Trump: cómo EE. UU. mantiene bajo presión a América Latina
La llegada del portaaviones Gerald Ford al Caribe revive la “América para los estadounidenses” de la “Doctrina Monroe” dos siglos después.
Las tensiones entre Ecuador y Colombia van en aumento. A la escalada comercial se suman fuertes declaraciones y desmentidos sobre bombardeos en la frontera entre ambos países, además de un pedido de intervención al presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
El lunes (16.03.2026), el presidente colombiano, Gustavo Petro, denunció el hallazgo de un artefacto explosivo en la zona fronteriza con Ecuador, en territorio colombiano. Esto aún se está verificando. Además, mencionó grabaciones clave que no se han hecho públicas, y este martes aseguró que los bombardeos "dejaron 27 cuerpos calcinados".
Como si esto fuera poco, el mandatario colombiano pidió al presidente estadounidense, Donald Trump, intervenir a nivel diplomático. "Le pedí a Trump: actúe, llame al presidente de Ecuador, porque nosotros no queremos ir a una guerra", señaló.
El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, desmintió la denuncia de Petro y dijo que los bombardeos de las fuerzas militares de su país se efectúan contra grupos armados dentro de territorio ecuatoriano.
A juicio de Glaeldys González, analista para los Andes del Sur de International Crisis Group (ICG), "la tensión entre Ecuador y Colombia ha aumentado exponencialmente en estos últimos meses. Ecuador impuso aranceles, justificando que Colombia no estaba haciendo lo suficiente para atacar a los grupos criminales que operan en la frontera compartida".
"Por el momento solo conocemos las versiones de cada una de las partes. Hay que esperar a que se esclarezca el panorama", dice González a DW. "Lo que sí sabemos es que, en las últimas semanas, Ecuador ha intensificado sus operaciones, conjuntamente con Estados Unidos, a través de bombardeos en su territorio, justamente en la frontera con Colombia", subraya, y estima que en ello se enmarca la declaración del presidente Petro.
"Aunque todavía no hay un informe técnico que establezca la veracidad de los hechos, Petro prefirió adelantarse y convertirlos en parte de su discurso político", explica Víctor Mijares, profesor de Ciencia Política en la Universidad de los Andes, en Colombia, en entrevista con DW. "Hay un conflicto de fondo que tiene que ver con las tensiones entre Noboa y Petro. Además, Noboa también está tratando de mostrarse como un aliado más cercano a Estados Unidos, y, adicionalmente, pareciera que ambos están compitiendo por la atención de Trump", señala.
"Esto demuestra la complejidad de los espacios fronterizos entre Colombia y Ecuador, que hacen visible la debilidad de las relaciones bilaterales, debido al narcotráfico y, también, a la distancia ideológica de estos dos Gobiernos, además de los cruces en materia arancelaria", sostiene ante este medio Christian Chacón, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano (UTADEO).
"El Gobierno de Petro ha tenido tantos tira y afloja con el Gobierno de Estados Unidos, que ahora le demanda a Trump esta cercanía, sobre todo, teniendo en cuenta el estilo 'trumpista' de Noboa", agrega.
El hecho de que Colombia no haya sido invitada a formar parte del Escudo de las Américas es otro de los factores clave en este escenario, destacan los tres expertos.
Para Mijares, "el gran ganador es Trump, con su doctrina 'Donroe' para América Latina, porque esto deja en evidencia que algunos presidentes latinoamericanos están tratando de obtener el beneplácito por parte de la superpotencia. Petro, un presidente de izquierda, le pide a Estados Unidos que sea árbitro de conflictos en la región", subraya.
La disputa comercial entre ambos países empezó a finales de enero de 2026, cuando el presidente ecuatoriano Noboa impuso un arancel del 30 % a productos colombianos, argumentando falta de acción por parte del país vecino para combatir el narcotráfico. Petro respondió con tarifas aduaneras similares a decenas de productos ecuatorianos, bloqueando el ingreso de otros, y Ecuador, a su vez, elevó los aranceles al 50 % desde el 1 de marzo.
"Estas tensiones llevan, a su vez, también a que la guerra comercial entre ambos países se haya perpetuado", afirma Glaeldys González. "No ha habido forma hasta ahora de encontrar canales de diálogo, y esas medidas afectan, no solo el flujo de bienes en la frontera, sino también a las comunidades que dependen de esta economía, fortaleciendo de forma indirecta a los grupos criminales que ahora van a extender sus operaciones de contrabando", advierte.
Víctor Mijares y Christian Chacón coinciden: la disputa arancelaria afecta a la población y a las empresas, en lo económico y en el suministro de energía.
"Que, al parecer, no haya comunicación directa en términos de seguridad entre Bogotá y Quito, refuerza la idea de una hegemonía de Estados Unidos en construcción", dice Mijares, "que ya comienza a dar muestras de que ejerce plenamente funciones de mediador en conflictos entre países latinoamericanos".
Para Christian Chacón, una preocupación importante es "lo que podríamos llamar un agotamiento de la diplomacia regional, por ejemplo, de la Comunidad Andina(CAN). También vemos la distancia entre los dos grandes países de la región, Argentina y Brasil". Espacios como la CELAC, como Unasur, mediaron, por ejemplo, cuando se realizó en 2008 la Operación Fénix, en la zona fronteriza ecuatoriana de Sucumbíos, cuando Colombia bombardeó territorio ecuatoriano donde se encontraban guerrilleros de las FARC, matando, entre otros, al alias comandante Raúl Reyes. Ese tipo de mediación ya no se produce.
La canciller de Ecuador, Gabriela Sommerfeld, anunció que Quito y Bogotá retomarán el diálogo a través de la Comunidad Andina para buscar una salida a la guerra comercial, lo que representa una pizca de esperanza.
Sin embargo, "hubo reacciones de ambos países mostrándose los dientes que indican una desmejora sensible de las relaciones binacionales", dice Mijares, experto en Seguridad, apuntando a informaciones militares colombianas actuales sobre movimientos de la flota colombiana en los límites marítimos entre Ecuador y Colombia.
"Tanto Petro como Noboa se han estado esforzando muchísimo en combatir el crimen organizado", señala la politóloga Glaeldys González, del International Crisis Group, "aunque ninguno de los dos países ha logrado frenar esas actividades ilícitas". Según ella, un quiebre de las relaciones bilaterales afectaría también gravemente la seguridad regional en esa zona, ya que el crimen organizado podría expandirse aún más.
Para Christian Chacón, la Comunidad Andina podría tener un papel clave, al menos para mediar en lo comercial. En cuanto al pedido de intervención de Trump por parte de Petro, advierte, sin embargo, que "eso podría jugarle en contra a Petro, porque la agenda en materia de narcotráfico de Trump es mucho más cercana a la de Noboa".