POR Deutsche Welle | 27 de abril de 2026, 13:13 PM
La nueva carrera espacial no es solo una competencia entre las grandes potencias por prestigio y ciencia, sino también por los recursos que poseen asteroides, la Luna y Marte. Quien instale las primeras bases fuera de la Tierra establecería las reglas del juego.
En ese tablero, Latinoamérica no compite por colocar banderas en otros planetas, pero tiene un papel y un potencial que no deben subestimarse.
La exploración espacial tradicional no es el objetivo
César Bertucci, investigador del Instituto de Astronomía y Física del Espacio (IAFE), dependiente del CONICET y la Universidad de Buenos Aires (UBA), explica a DW que en Latinoamérica "la 'carrera' espacial no está enmarcada en la competencia entre Estados. El nivel de desarrollo espacial de la región presenta una amplia dispersión, con países de mayor y menor desarrollo".
La cooperación regional existe, pero es acotada y "la exploración espacial, por ahora, no forma parte de los objetivos", añade.
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El NewSpace: la puerta de entrada para países emergentes
Sin embargo, junto a la exploración espacial tradicional —dominada por agencias como la NASA, ESA o la china CNSA, que cuentan con grandes presupuestos— existe desde hace unos 20 años el llamado NewSpace: empresas privadas que operan en el espacio con rentabilidad y desde la Tierra. Es el área con mayor potencial para la región.
"El NewSpace te abre un gran espectro de oportunidades. Que en los países emergentes y en particular en Latinoamérica seamos capaces o tengamos la visión de aprovecharlo, eso es otra cosa", señala a DW Gustavo Medina, director del Laboratorio de Instrumentación Espacial (LINX), de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Su equipo lanzó en 2024 desde Cabo Cañaveral el proyecto Colmena 1.Y, aunque sus robots no lograron alunizar por problemas ajenos, "mandamos una misión hasta más allá de la órbita lunar, a más de 400 mil kilómetros de distancia de la Tierra, validando nuestra tecnología. Esto era imposible hace 20 años. Era algo que solo una gran agencia espacial como la NASA, JAXA o la ESA podían hacer", relata.
Y el plan continúa: en 2028 preparan Colmena 2, una misión de prospección minera lunar con robots pequeños. El objetivo es "realizar operaciones mineras con enjambres de microrobots y róvers pequeños, pero en grandes números y trabajando de forma cooperativa", detalla Medina.
Una geografía que vale oro
La región ofrece ventajas logísticas que ninguna potencia ignora. Brasil, con su puerto espacial de Alcântara, tiene una de las mejores ubicaciones del mundo cerca del ecuador. En República Dominicana, la empresa Launch On Demand (LOD) planea lanzamientos comerciales desde 2028. Los cielos del sur del continente —Chile y Argentina— son ideales para observar el espacio profundo.
"No nos limitamos simplemente a 'prestar el cielo' o el territorio", afirma a DW la astrofísica Lauren Flor Torres, profesora de Astronomía de la Universidad de Antioquia y presidenta de la Comunidad de Astrónomos de Colombia (AstroCo). La infraestructura instalada debe ser "no solo una base de operaciones extranjeras, sino un motor de investigación para las instituciones nacionales", subraya.
Como ejemplo cita el Observatorio Vera Rubin en Chile: financiado con capital extranjero, pero orientado a que sus datos beneficien a la comunidad científica local. Así, señala, "Latinoamérica deja de ser un simple anfitrión logístico para consolidarse como un centro de inteligencia y desarrollo tecnológico global".
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Entre Washington y Pekín
La región actúa como zona "pendular", ya que está abierta a colaborar tanto con Occidente como con el bloque BRICS. Torres lo define como un "multilateralismo espacial inteligente" que permite "diversificar el riesgo tecnológico y acceder a una gama mucho más amplia de conocimientos, priorizando siempre la soberanía científica sobre las agendas ideológicas externas".
Sin embargo, esa neutralidad depende del gobierno de turno. "Los países más desarrollados en el área espacial, Argentina y Brasil, tienen estrategias antagónicas. Brasil apuesta a una cooperación que, en materia espacial, pasa mucho por los BRICS y en particular con China, mientras que Argentina está fuertemente alineada con la política que Trump propone para la NASA", apunta Bertucci.
Medina ve en el NewSpace una salida a esa tensión: "El nuevo espacio, que está más por el lado del sector industrial y, sobre todo, si lo combinas con ciencia, ofrece una chance para hacer una cosa más globalizada".
La ALCE: promesa regional con pies de barro
En 2021 se fundó la Agencia Latinoamericana y Caribeña del Espacio (ALCE), con sede en Querétaro, México, y ratificada por al menos 11 países en 2024. No obstante, enfrenta obstáculos serios: escaso conocimiento de su existencia y la ausencia de los dos actores más relevantes de la región.
"Lamentablemente, no son miembros países como Brasil o Argentina, los dos más fuertes en el sector espacial de América Latina. Eso ya le produce debilidades", señala Medina.
"Actualmente, la ALCE no es un actor de influencia en el contexto internacional. El desarrollo armónico de Latinoamérica a nivel espacial es todavía una quimera", coincide Bertucci.
Carrera espacial "con los pies en la Tierra"
El objetivo real de la región no es plantar una bandera en Marte, sino usar el espacio para resolver problemas en la Tierra. Los nanosatélites, del porte de una caja de zapatos, permiten monitorear incendios, sequías y actividades agrícolas sin depender de potencias extranjeras.
"La nuestra es una carrera 'con los pies en la Tierra'. No necesitamos cohetes gigantes en este momento para validar nuestra capacidad; lo que realmente necesitamos es usar el espacio como una herramienta estratégica para solucionar problemas urgentes que ocurren aquí abajo", resume Torres.
Medina concuerda: "No necesitamos astronautas que vayan a la Luna. Prefiero mil ingenieros que puedan desarrollar una actividad espacial comercial".
El talento existe, pero emigra
La región tiene capital humano, pero lo pierde: "La fuga de talento es y ha sido históricamente un gran problema en América Latina. En Argentina ha sido particularmente desastroso. Y en México también tiene un impacto", advierte Medina.
La ciencia espacial regional "requiere presupuestos estables y una visión de Estado a largo plazo que trascienda periodos presidenciales", subraya Torres."Solo si logramos desvincular la inversión en ciencia y tecnología de la polarización política, aseguraremos que los proyectos espaciales en Latinoamérica no sean esfuerzos aislados de cuatro años, sino el cimiento de un desarrollo económico y educativo sólido para las próximas generaciones", concluye.
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