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Cinco países de la región tienen cita en las urnas para elegir presidente en este año nuevo, incluidas dos de las mayores democracias latinoamericanas.
Los desfiles de las escuelas de samba en el sambódromo, la mayor atracción del carnaval de Río de Janeiro, se llevaron a cabo el domingo con un polémico homenaje de la escola Académicos de Niteroi al presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva.
En el primer desfile, la escuela debutante en el grupo de elite del carnaval carioca repasó la vida del líder progresista, desde su nacimiento en el empobrecido nordeste brasileño y las dificultades que enfrentó en la infancia hasta su consolidación como dirigente sindical y su elección como el primer presidente obrero de Brasil.
El homenaje, con miles de bailarines y músicos debidamente disfrazados mostrando diferentes aspectos de la vida del presidente, fue asistido por un muy discreto Lula desde el palco de la Alcaldía de Río de Janeiro en el sambódromo, a donde lo acompañaron siete ministros y numerosos políticos.
La presentación fue objeto de polémica desde antes del carnaval debido a que se produce a solo siete meses de las elecciones en las que el gobernante intentará su cuarto mandato presidencial.
La oposición la denunció como propaganda electoral anticipada de una agrupación que recibe recursos públicos, pero la Justicia se negó a prohibir el desfile, aunque el Tribunal Electoral dejó claro que pude ser motivo de una investigación.
El Gobierno prohibió la participación de ministros y altos funcionarios en el desfile, así como pidió cautela, ante el temor de que Lula, representado en el desfile por una estatua de 18 metros, pueda ser multado, sancionado o hasta inhabilitado.
Los temores llevaron a la primera dama, Rosângela Lula da Silva, que aparecería en la última carroza del desfile, a desistir de participar a última hora.
Incluso antes de que las bailarines y músicos comenzaran a desfilar, el público comenzó a corear en los graderíos "Olé, olé, olá, Lula, Lula", un viejo eslogan de campaña del progresista, y, con banderas y carteles, dejó clara su preferencia.
El desfile comenzó con gigantescas pantallas mostrando escenas de la vida política de Lula y una representación de su madre, 'doña Lindú', huyendo con sus hijos hacia el industrializado estado de Sao Paulo.
La comisión encargada de presentar el desfile escenificó al presidente Michel Temer robando la franja presidencial, en una alusión a la destitución de Dilma Rousseff, la sucesora de Lula, para entregársela a un payaso representando al ultraderechista Jair Bolsonaro, hasta que aparece el líder progresista para recuperarla y poder subir de nuevo la rampa del Palacio presidencial de Planalto.
Uno de los grupos de bailarines mas aplaudido fue el integrado por parientes de víctimas de la dictadura brasileña, citados en el samba del desfile.
Igualmente fue ovacionado una carroza titulada "sin mitos falsos, sin amnistía", una clara alusión a Bolsonaro, el mayor rival político de Lula, condenado y preso por golpismo y cuyos aliados en el Congreso intentan beneficiar con una amnistía.
"Nuestra intención no fue electoral. Escogimos como tema a Lula por ser una historia vencedora. A los brasileños les gusta la historia de las personas que surgen de abajo y vencen. Trajimos al sambódromo la historia de una persona que venció", dijo a EFE el guionista del desfile, Igor Ricardo.
Cada escuela elige cada año un tema, a menudo vinculado al legado afrobrasileño del país o a temas sociales o culturales.
Académicos de Niteroi, la primera en desfilar el domingo, homenajeó a Lula, la primera vez que un presidente en ejercicio es objeto de un tributo en la famosa avenida de 700 metros del Sambódromo.
"No es propaganda, es un homenaje", defendió antes del desfile a la AFP Hamilton Junior, uno de los directores de la escuela.
Afirmó que se trata de la historia de un hombre que "enfrentó muchas adversidades y se convirtió en uno de los más grandes presidentes de Brasil".