POR Deutsche Welle | 13 de mayo de 2026, 13:13 PM

De niña, la periodista medioambiental iraní Maryam pasaba gran parte de su tiempo junto al mar Caspio. Desde su casa en la costa, en la ciudad norteña de Rudsar, era testigo de cómo fluctuaban los niveles del agua, hasta tal punto que, en la década de los noventa, las inundaciones a lo largo de partes de la costa norte de Irán dejaron a algunos de sus familiares sin hogar.

Todos esos cambios de forma le parecían normales, pero, hace poco, tras regresar a la zona después de años de ausencia, la masa de agua le resultó de repente muy desconocida. "Seguí alejándome de la orilla, pero el agua solo me llegaba a las rodillas", relata Maryam, cuyo nombre real DW ha decidido no revelar por motivos de seguridad. "Para alguien que creció junto a este mar, fue aterrador".

Lo que vivió en esa visita no fue una anomalía. El mar Caspio, la mayor masa de agua interior del mundo, bordeado por Irán, Rusia, Azerbaiyán, Turkmenistán y , se está reduciendo rápidamente.

Aunque el salobre Caspio ya ha sufrido fluctuaciones en el pasado, los científicos dicen que es poco probable que se revierta el actual descenso del nivel del agua, que comenzó en la década de 1990. Las predicciones apuntan a un retroceso aún mayor en este siglo, con algunos modelos que indican posibles bajadas de hasta 21 metros.

Para ponerlo en perspectiva, un descenso de 18 metros, por ejemplo, sería mayor que la altura de un edificio de seis plantas, comenta Simon Goodman, biólogo evolutivo de la Universidad de Leeds, en el Reino Unido. "Una bajada así tendría un impacto considerable en los ecosistemas, así como en la salud, el bienestar y la actividad económica de las personas".

¿Por qué está bajando el nivel del mar Caspio?

Hay diversos factores que están provocando este retroceso. Varios ríos desembocan en el Caspio, pero alrededor del 80 por ciento de su agua dulce viene del norte a través del Volga, en Rusia. Durante décadas, el volumen de agua que llega se ha visto afectado por las presas, el riego y otras formas de gestión del líquido elemento, sobre todo en la cuenca del Volga, pero Goodman dice que la situación que se avecina es más compleja.

"Las previsiones para el resto de este siglo sugieren que el retroceso actual tendrá un componente de cambio climático mucho más marcado", asegura.

El aumento de las temperaturas globales, relacionado con las emisiones que calientan el planeta procedentes de la quema de petróleo, gas y carbón, está incrementando la evaporación de la superficie del mar. Junto con los menores niveles de precipitaciones y escorrentía hacia la cuenca del Volga, al final sale más agua del Caspio de la que entra.

Menos peces, puertos bloqueados

Y eso, según Goodman, es un problema. "Las repercusiones se notarán en todo el mar Caspio", subraya, y añade que algunas ya son visibles. Esto es especialmente cierto en la región norte de este enorme lago, que limita con Rusia y Kazajistán.

"Muchos puertos del Caspio necesitan un dragado importante para mantener el acceso a la navegación", dice. Goodman agrega que estos problemas "probablemente se intensifiquen incluso en los próximos cinco a diez años".

Las comunidades pesqueras también están bajo presión. En la cuenca septentrional, de aguas poco profundas, el continuo descenso podría hacer que la pesca resultara cada vez menos viable, explica Goodman. Y si los niveles bajan hasta 10 metros, gran parte podría secarse por completo, lo que eliminaría casi un tercio de la superficie del mar.

¿Podría el mar Caspio enfrentarse a una crisis como la del mar de Aral?

Goodman dice que ya hay primeros indicios de que el mar Caspio podría seguir el mismo camino que el mar de Aral, situado a unos 1.000 kilómetros al este.

La que en su día fuera una de las masas de agua continentales más grandes del mundo —situada entre Kazajistán y Uzbekistán—, se ha secado en gran parte debido al desvío de agua. Además de destruir medios de vida y ecosistemas, la desaparición del lago ha tenido graves consecuencias para la salud humana, entre ellas las tormentas de polvo tóxico.

"Sin duda alguna, ya estamos en el inicio de ese proceso", sentencia Goodman.Si el norte del Caspio se secara, las consecuencias irían más allá de la pérdida de agua. Grandes extensiones de lecho marino al descubierto podrían alterar el clima regional y liberar cantidades significativas de polvo al aire, parte del cual podría contener contaminantes.

La política no sigue el ritmo ambiental

Dado que el mar Caspio abarca cinco países, una gestión eficaz requerirá coordinación. Goodman subraya que, aunque "los gobiernos parecen estar empezando a desarrollar marcos de colaboración", el proceso aún se encuentra en una fase inicial.

Y apunta que la adaptación a largo plazo requerirá una inversión sostenida en investigación científica y estrategias que aborden tanto las dimensiones ecológicas como las económicas. Algo que debe hacerse rápidamente. "El ritmo de las políticas debe ir a la par con la velocidad del cambio medioambiental", subraya Goodman.

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