POR Deutsche Welle | 29 de julio de 2026, 15:37 PM

Durante la ola de calor de junio, que llevó temperaturas récord a Europa occidental, alrededor del 65 por ciento de los adultos en el Reino Unido tuvo problemas para dormir, según una encuesta reciente. Casi la mitad perdió tres o más horas de sueño por noche.

Los trastornos del sueño son una consecuencia cada vez más frecuente de los veranos más largos y calurosos impulsados por el cambio climático. Europa, que se calienta a más del doble del promedio mundial, se ha convertido en un foco de insomnio.

En junio, una estación meteorológica del estado alemán de Sajonia registró una temperatura mínima nocturna tropical de 29,4 °C. Según el grupo científico World Weather Attribution, este tipo de noches son ahora 100 veces más probables debido al cambio climático causado principalmente por la quema de combustibles fósiles.

El cambio climático también altera el sueño

La pérdida de sueño causada por el calor se considera cada vez más un indicador de los efectos del cambio climático sobre la salud física y mental.

Un estudio publicado en julio, basado en datos de 165 millones de noches de casi 318.000 usuarios de dispositivos de seguimiento del sueño, concluyó que cuando la temperatura nocturna aumenta de unos 12 °C a 27 °C, las personas tienen alrededor de un 40 por ciento más de probabilidades de dormir menos de seis horas.

"Los seres humanos no pueden mantener la función cognitiva, la memoria ni el equilibrio emocional cuando duermen menos de siete horas por noche", explica Ty Ferguson, investigador de la Universidad de Adelaida, en Australia, quien estudia los efectos de la falta de sueño asociada al cambio climático. Añade que dormir poco también aumenta el riesgo de diabetes, depresión, enfermedades cardiovasculares y obesidad.

"El sueño es una necesidad fisiológica fundamental, esencial para la función inmunológica, la salud mental y el bienestar diario", afirma Wen Chubo, investigador de la Universidad Tecnológica de Nanyang (Singapur). Estudiar la pérdida de sueño, agrega, permite medir "los efectos graduales, cotidianos y acumulativos" del aumento de las temperaturas sobre la salud.

Por su parte, Kelton Minor, investigador de la Universidad de Copenhague, advierte que las temperaturas nocturnas aumentan incluso más rápido que las diurnas. Parte del fenómeno se explica porque las nubes retienen el calor durante la noche y los cambios en su comportamiento están amplificando el calentamiento global.

Un impacto silencioso

La pérdida de sueño sigue siendo uno de los efectos menos visibles del cambio climático. "No produce un evento dramático único: no hay cifras de muertes en los titulares ni daños tan visibles", señala Kim van Daalen, epidemióloga ambiental de la Universidad de Cambridge.

"Se acumula silenciosamente, noche tras noche", explica la investigadora. A su juicio, la privación de sueño agravará las desigualdades sociales y sanitarias: los niños tendrán más dificultades para aprender y concentrarse, mientras que las personas mayores y quienes padecen enfermedades crónicas sufrirán una mayor carga cardiovascular y metabólica.

Según Chubo, la falta crónica de sueño también reduce la productividad laboral, dificulta el aprendizaje, aumenta el riesgo de accidentes de tráfico e incrementa los costos sanitarios. Los hogares con menos recursos son los más expuestos porque suelen vivir en viviendas peor ventiladas y con menor acceso a sistemas de refrigeración.

Minor añade que tanto las poblaciones de bajos ingresos en los países ricos como los habitantes de los países más pobres pueden ser hasta tres veces más vulnerables a los efectos del calor sobre el sueño.

Cómo adaptarse

Incluso si en el mundo se lograse alcanzar las emisiones netas cero, será necesario adaptarse durante décadas al aumento de las temperaturas, afirma Ferguson.

Entre las medidas propuestas figuran un mayor acceso a ventiladores y aire acondicionado, ropa de cama más ligera, edificios mejor aislados, más espacios verdes, superficies que reflejen la radiación solar y diseños con ventilación pasiva.

También será necesario adaptar los horarios laborales durante las olas de calor extremas. Estas medidas serán especialmente importantes en países europeos como Alemania, donde el aire acondicionado sigue siendo poco habitual.

"Adaptar el aproximadamente tercio de nuestras vidas que pasamos durmiendo al calentamiento nocturno ya justifica la priorización de las políticas europeas y la innovación adaptativa", asegura Minor.