POR | 27 de julio de 2026, 19:40 PM

Dra. Johanna Alvarado/ICF Young Leader Award.

 "El líder no es aquel que hace más ruido, sino aquel que hace posible que otros brillen", inspirado en la filosofía del liderazgo servicial.



La primera impresión que no se olvida

Hay líderes que, al hablar, ocupan todo el espacio. Y hay otros que, al hablar, abren espacio. La primera vez que escuché a Luis de la Fuente —el entrenador riojano que acompañó a España a coronarse campeona del Mundial 2026 tras vencer 1-0 a Argentina—, noté algo que rara vez encontramos, ya sea en el deporte, en las organizaciones, en los gobiernos o en las empresas: no habló de sí mismo. Habló de "ellos". De sus jugadores, de "esta generación".

Al término de la final, con la segunda estrella recién cosida al pecho de España, De la Fuente resumió su sentir con una frase que merece estudiarse en cualquier programa de liderazgo: aseguró sentir un profundo orgullo por una generación de futbolistas que había ido madurando fiel a una idea compartida, dándole cuerpo hasta convertirla en ejemplo de grupo y de familia.

No dijo "yo los llevé a la cima". Dijo que acompañarlos en ese camino había sido un honor.

¿Cuándo fue la última vez que usted, como líder, describió un logro de su equipo sin nombrarse primero a sí mismo?

El liderazgo que habla "a la inteligencia y al corazón"

La neurociencia del liderazgo lleva años confirmando lo que De la Fuente parece saber de forma intuitiva: los equipos de alto rendimiento no se construyen únicamente desde la exigencia técnica, sino desde la seguridad psicológica. Cuando una persona siente que su líder confía en ella, se activan circuitos cerebrales asociados a la cooperación y la reducción del cortisol (la hormona del estrés), lo que mejora directamente la toma de decisiones bajo presión.

El propio técnico español lo definió con una precisión que envidiaría cualquier manual de psicología organizacional: su forma de entender el liderazgo consistía en dirigirse tanto a la inteligencia como al corazón de sus jugadores.


Esta es, en esencia, la integración entre lo cognitivo y lo emocional que llamamos liderazgo transformacional: no basta con dar instrucciones claras (inteligencia), hace falta además generar sentido, pertenencia y vínculo (corazón).

¿Su forma de liderar hoy —en casa, en la oficina, en su equipo— le habla solo a la cabeza de las personas, o también a su corazón?

Rigor sin agresividad, disciplina sin ego

Uno de los aprendizajes más valiosos de este proceso es que la firmeza y la humildad no son opuestos. De la Fuente construyó una selección sin la crispación que marcó etapas anteriores del combinado español; se le describe como un líder cercano, educado y sin afán de protagonismo, que jamás pasó factura a nadie, ni siquiera cuando el éxito le hubiera dado motivos para hacerlo.

Esto es coherencia de carácter: la misma humildad en la derrota que en la gloria. En desarrollo humano llamamos a esto "locus de identidad estable": el líder no necesita el triunfo para validar quién es, y por eso puede sostener el rigor —la disciplina, la exigencia táctica, el trabajo metódico— sin necesidad de imponerse mediante el miedo o el ego.

¿Está usted liderando desde el miedo que impone, o desde la confianza que sostiene?

Equipo, acompañamiento, articulación

Si algo distingue a este proceso es la palabra que De la Fuente repitió una y otra vez tras el título: "juntos". Juntos somos más fuertes, afirmó, dejando claro que ninguna individualidad —por talentosa que sea— sustituye a la fuerza del colectivo.

Esa es la esencia del liderazgo articulador: el líder no busca brillar más que su gente, sino crear las condiciones —estructura, confianza, propósito compartido— para que el talento individual se convierta en inteligencia colectiva.

¿Qué está usted articulando hoy entre las personas de su equipo: competencia o colaboración?

La invitación

El Mundial 2026 nos deja, más allá del resultado deportivo, una lección de liderazgo aplicable a cualquier ámbito: se puede exigir sin agredir, se puede disciplinar sin sofocar, se puede ganar sin necesitar ser el centro. El verdadero liderazgo, como el de De la Fuente, se mide por lo que florece alrededor, no por lo que se acumula en el centro.

Le dejo tres preguntas para llevar a su semana:  

1. ¿De qué manera podría, esta semana, ceder el protagonismo a alguien de su equipo?

2. ¿Qué frase suya, dicha con firmeza pero sin ego, podría cambiar el ánimo de las personas que lidera?

3. ¿Está construyendo un legado de "yo" o un legado de "juntos"? 

El cambio de mirada empieza siempre en las preguntas que nos atrevemos a hacernos.  

Las opiniones expresadas por nuestros colaboradores corresponden únicamente a sus opiniones y no reflejan las de Teletica.com, su empresa matriz o afiliadas.

Lea también

De la A a la Z

El problema de los héroes

El triunfo de España deja una lección que trasciende el fútbol: las sociedades que perduran construyen sistemas, no dependencias.