POR | 3 de noviembre de 2026, 17:45 PM


Dr. Alexander López / Académico de la Universidad Nacional de Costa Rica.​

República Dominicana se ha posicionado como la economía emergente de mayor dinamismo en la región de América Latina y el Caribe (LAC), impulsada por una notable capacidad de expansión sostenida durante las últimas décadas. Sin embargo, detrás de sus sobresalientes indicadores macroeconómicos se configura una paradoja estructural crítica: una pronunciada divergencia entre la rápida acumulación del Producto Interno Bruto (PIB) y el estancamiento relativo de la productividad laboral y la escasa generación de empleo formal de alta calificación. Comprender la sostenibilidad de este desempeño exige analizar rigurosamente las fuentes que sostienen dicha trayectoria.

Entre 2005 y 2019, la economía dominicana registró un crecimiento promedio anual del PIB real del 5,8%, una tasa que superó en más del doble el promedio ponderado de América Latina y el Caribe para el mismo período (Banco Mundial, 2023; OCDE, 2023). Esta senda de expansión histórica se fundamentó en un patrón de alta tasa de formación bruta de capital fijo sustentada por flujos netos de Inversión Extranjera Directa (IED), una liquidez externa continua por concepto de remesas, la acelerada escalada del sector turístico y la consolidación de una plataforma manufacturera de exportación inserta en cadenas globales de valor.

Los motores del éxito económico dominicano

El crecimiento dominicano no puede explicarse por un solo sector; la matriz productiva de República Dominicana presenta un ecosistema heterogéneo donde coexisten sectores expuestos a la competencia global bajo regímenes de incentivos y sectores orientados al mercado interno. Sin embargo, claramente hay dos sectores cuyo dinamismo tiene un alto impacto en el crecimiento. Estas actividades compiten intensamente por insumos estratégicos: mano de obra calificada, infraestructura energética, conectividad y capacidad de gestión pública.

A) Turismo récord frente a la trampa del enclave:

El primero de estos sectores es el turismo, que constituye una de las principales fuentes de ingresos corrientes de la balanza de pagos. En 2025, el país alcanzó un máximo histórico de 11.676.901 visitantes (crecimiento del 4,3% interanual), lo que se tradujo en ingresos turísticos por US$11.321,4 millones, un incremento del 3,2% respecto a 2024 (BCRD, 2026a; Presidencia de la República, 2026). Sin embargo, el predominio del esquema de grandes complejos hoteleros bajo la modalidad "todo incluido" plantea el desafío estructural de la "trampa del enclave", es decir, hay escasos encadenamientos productivos locales, lo que genera una fuga de beneficios económicos y una concentración territorial de la riqueza.

B) Zonas francas y sofisticación hacia bienes de alta tecnología: 

El segundo sector lo constituyen las exportaciones relacionadas con el régimen de zonas francas. Este régimen ha sido uno de los instrumentos más importantes al contribuir a convertir una economía históricamente dependiente de la agricultura y las exportaciones tradicionales en una economía diversificada e integrada a los mercados internacionales. Los números indican que las exportaciones totales de bienes del país ascendieron a $15.957,6 millones en 2025 (BCRD, 2026a). Dentro de esta estructura, el régimen de zonas francas representó US$ 8.548,6 millones —explicando más del 53,5% de las exportaciones totales de bienes del país según datos del BCRD y superando el 65% según los registros sectoriales del Consejo Nacional de Zonas Francas de Exportación— (BCRD, 2026a; CNZFE, 2025a, 2026).

El valor económico de la estabilidad política  

República Dominicana es un buen ejemplo de cómo la calidad institucional influencia la estructura de incentivos de la sociedad, modula los costos de transacción contractuales, condiciona la asignación del capital y define la trayectoria de desarrollo. El país del Caribe exhibe una ventaja institucional en América Latina: tres décadas de continuidad democrática ininterrumpida, caracterizada por elecciones competitivas, resolución pacífica de controversias y alternancia regular en el poder. Esta previsibilidad político-electoral reduce la prima de riesgo de rupturas institucionales bruscas.

La trayectoria de República Dominicana demuestra la capacidad de una economía pequeña y abierta para mantener tasas elevadas de expansión macroeconómica apoyada en la diversificación de sus ingresos externos. Para garantizar la sostenibilidad del crecimiento en la próxima década, la política económica dominicana deberá transitar de la cantidad al valor agregado. Para ello deberá sustituir la medición del éxito basada en métricas de volumen bruto por indicadores centrados en la tasa de valor agregado nacional, la compra de insumos locales, el contenido tecnológico y el salario real de los empleos generados.

En conclusión, la pregunta decisiva para el futuro de República Dominicana no es si puede continuar creciendo a tasas agregadas elevadas, sino si logrará traducir su dinamismo macroeconómico en un aumento de la productividad y en un bienestar inclusivo y sostenible para toda la población. Ello requiere, entre otras cosas, profundizar la diversificación productiva, fortalecer las instituciones y convertir el crecimiento en mayor bienestar social y cohesión territorial.

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