De la A a la Z
Brújula Siglo XXI
Presentamos la columna de opinión "Brújula Siglo XXI"
Alexander López / Director del Instituto Centroamericano de Administración Pública (ICAP)
Con esta columna “Brújula Siglo XXI” se inicia un recorrido, cuyo norte, es transitar por la discusión de los principales temas que hacen del siglo XXI, uno diferente. Ciertamente, la constante es el cambio, siempre lo ha sido, lo que es sustantivamente diferente es la naturaleza del cambio y la velocidad de este, y ante eso, como sociedad debemos generar conocimiento que nos permita desarrollar una capacidad de adaptación frente a nuevos y volátiles entornos.
La actual pandemia por COVID-19, ha generado entre otras cosas, el desarrollo de la denominada “nueva normalidad”, y al contrario de lo que muchos piensan, no es enteramente nueva. Es en realidad, un proceso de configuración y consolidación propio de este siglo XXI; la pandemia vino a reforzar y acelerar de manera global muchas de las transformaciones en marcha. Hemos transitado de la sociedad del riesgo a la sociedad de la incertidumbre, de los estados nacionales territoriales, a los estados en la “nube”, de las amenazas nacionales a las transnacionales, del ser gobernados por las leyes al ser gobernados por los algoritmos, del generar riqueza por factores de producción vinculados a la tierra, al producirla esencialmente por el conocimiento.
Para empezar a entender estas y otras problemáticas actuales, debemos entender que estas crisis se enmarcan en un contexto de alta transición, caracterizadas por rápidos y profundos cambios, siendo uno de los resultados más visibles, la consolidación de una economía planetaria, la cual tomó como base, las economías de mercado y la Tercera Revolución Industrial (digital), evolucionando hasta el inicio de la Cuarta Revolución Industrial (4.0), que se convierte en un fenómeno con profundos impactos en materia de productividad y competitividad. La Cuarta Revolución Industrial desintegra las fronteras entre las esferas físicas, digital y biológica de los sistemas sociales, e implica la emergencia, desarrollo y consolidación de un conjunto de tecnologías que están revolucionando a prácticamente todos los sectores de la vida moderna.
Desde finales del siglo XX, pero, sobre todo, a finales de la primera década del siglo XXI, quedó claro que la sociedad global se encaminaba hacia interacciones más automatizadas, electrónicas y virtuales; en consecuencia, la Economía Digital había llegado para quedarse. Así las cosas y, poco antes de declararse la pandemia del COVID-19, en el sistema internacional, se hablaba con claridad, de la posibilidad de nuevas crisis económicas con sus correspondientes ramificaciones políticas, sociales y culturales. La pandemia y la política pública dominante para contrarrestarla han supuesto la aceleración de varios factores clave. Por ende, lo que empezó siendo un cambio de época (1980-1990) que condujo a una evolución positiva en muchos aspectos, ha concluido en una crisis sistémica internacional caracterizada por la combinación de cinco crisis: sanitaria, social, ambiental, política y de gestión de las interacciones sociales en el marco de la globalización.
Entonces, ante este conjunto de profundas crisis y transiciones, se visualizan tres grandes avenidas desde las cuales se puede entender el cambio, y en consecuencia son centrales para entender la direccionalidad de la Brújula Siglo XXI.
Primero, si en la fase pre-pandemia la generación de conocimiento aparecía como el elemento central para generar diferencia en los procesos de desarrollo, ahora en un mundo post-pandemia, este elemento es definitorio del progreso de la humanidad, los saberes versátiles, adaptativos y prospectivos, están y seguirán gobernando la dinámica del siglo XXI. La definición del “conocimiento” como factor directo de los procesos de producción y de interacciones sociales, esto es particularmente relevante, en el marco de la Cuarta Revolución Industrial que al estimular la estrecha conexión de componentes físicos, digitales y biológicos, implica la emergencia de niveles nunca antes vistos de conocimientos implícitos, es decir, de saberes imbricados directamente en la experiencia de las personas, los cuales, no pasan ni se generan en las aulas a partir de una educación tradicional.
Segundo, si ciertamente, en el marco de la Cuarta Revolución Industrial, de la Sociedad de la Información y de la Sociedad del Conocimiento la única constante es el cambio, las organizaciones exitosas serán aquellas guiadas por la innovación y la capacidad de auto creación constante. Este tipo de organizaciones crecen por medio de la creatividad, la generación y gestión de la información, datos y conocimiento, la capacidad de formar equipos cooperativos de trabajo; así como, establecer alianzas intersectoriales e institucionales en evolución permanente.
Tercero, la existencia de desafíos diversos que son de naturaleza planetaria y, en consecuencia, exigen acciones concertadas y simultáneas a nivel global. Temas como el cambio climático, migraciones, la gobernabilidad del ciberespacio, los mercados laborales, etc.; requieren de un nuevo andamiaje institucional y de acciones globales coordinadas. Es decir, estamos en presencia de nuevos problemas de acción y gestión colectiva, muy diferentes a los encontrados cuando se fundaron la mayoría de las instituciones del sistema multilateral actual.
