POR Teletica.com Redacción | 10 de febrero de 2026, 12:21 PM

Cuando se habla de bienestar, muchas veces se piensa primero en la mente. Sin embargo, cada vez más especialistas apuntan hacia otro lugar: el intestino.

La doctora Natalia Muñoz explica que el cuerpo no funciona por partes aisladas, sino como una red en constante comunicación. En esa red, el intestino, la microbiota y el cerebro conversan todo el tiempo, influyendo directamente en cómo se piensa, se siente y se descansa.

A esta relación se le conoce como el eje intestino–microbiota–cerebro, y demuestra que la salud digestiva y la salud mental van de la mano.

“Ambos sistemas están íntimamente conectados, principalmente a través del nervio vago. Por eso las emociones se sienten en el estómago: las mariposas del enamoramiento o la inflamación tras un susto fuerte”, explicó la especialista.

No es solo una sensación. Cuando el intestino se inflama, libera sustancias proinflamatorias llamadas citoquinas que viajan por la sangre y el sistema nervioso hasta el cerebro. El resultado puede sentirse como neblina mental, dificultad para concentrarse, cambios en el estado de ánimo o problemas para dormir.

En otras palabras, lo que ocurre en la digestión puede terminar afectando la claridad mental y la energía diaria.

Un actor central en este proceso es la microbiota intestinal, ese ecosistema de bacterias, virus y hongos que habita en el intestino. Cuando está equilibrada, ayuda a proteger la mucosa intestinal y fortalece el sistema inmune —cerca del 70% se concentra allí—. Pero cuando se altera, lo que se conoce como disbiosis, aumenta la inflamación y aparecen molestias.

Para apoyar este equilibrio, la doctora Muñoz menciona el uso de probióticos con prebióticos, como Bewell, que ayudan a mantener una microbiota variada y saludable. Estos microorganismos llegan al intestino grueso, se adhieren a la mucosa y contribuyen a restaurar el ecosistema digestivo.

También señala el calostro bovino y la vitamina D, asociados con la regeneración de la mucosa intestinal y la creación de un entorno más favorable para las bacterias beneficiosas.

No obstante, recalca que ningún suplemento sustituye una buena alimentación.

“Es importante identificar los alimentos que inflaman a cada persona, retirarlos temporalmente y permitir que el intestino se desinflame antes de reintroducirlos”, explicó. Incluso alimentos saludables, como los frijoles, pueden generar molestias si no se preparan correctamente o si existe intolerancia individual.

El mensaje final es claro: atender solo síntomas como la falta de memoria, el cansancio o el bajo estado de ánimo no siempre resuelve el problema. A veces, la respuesta está más abajo, en el intestino. Cuidarlo puede ser el primer paso para sentirse mejor por dentro y por fuera.