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Ariel y el sonido que anunció su victoria: así terminó su lucha contra el cáncer
El vecino de Betania de Cutris, San Carlos, se convirtió en el paciente número 62 en completar su tratamiento en la Asociación Lucha Contra el Cáncer Infantil.
Ariel Matías Muñoz Zapata llegó al final de un camino que, para muchos niños, empieza con un diagnóstico y continúa con una lucha silenciosa. Este jueves, en la Asociación Lucha Contra el Cáncer Infantil, tocó la campana que anuncia el cierre de su tratamiento. Fue el paciente número 62 en hacerlo este año, una cifra que refleja no solo estadísticas, sino historias de resistencia.
Vecino de Betania de Cutris, en San Carlos, Ariel avanzó por un proceso que puso a prueba a toda su familia. Su abuela, Daley Sequeira, recorre aún con precisión los episodios más duros.
“Él estuvo como 12 días en coma, después se puso muy flaco, no comía y eso a uno lo desespera y se pone triste, pero sigue uno en la lucha”, recuerda, con esa mezcla de fortaleza y ternura que solo tienen quienes han acompañado de cerca estas batallas.
El ritual del final (estampar la palma en dorado junto a decenas de manos pequeñas que han logrado lo mismo) tiene algo de ceremonia íntima y colectiva a la vez. Ariel dejó también ahí su marca, un gesto silencioso pero contundente: aquí estuve, aquí vencí.
La rutina que sostuvo este proceso estuvo cargada de madrugadas difíciles. “A las 3:30 a. m. salíamos para agarrar bus a Arenal y de ahí para San José”, cuenta Ariel, como si el cansancio de esos viajes aún siguiera pegado a la memoria.
El sonido de la campana, sin embargo, hizo que todo se acomodara por un instante. “Una alegría inmensa y uno se aguanta hasta las ganas de llorar”, dice su abuela, en una frase que condensa lo que las cifras no alcanzan a explicar.
La asociación, que trabaja en coordinación con el Hospital Nacional de Niños, estima que 67 pacientes podrían tocar la campana este año. Cada uno de ellos resume una historia como la de Ariel: una lucha silenciosa, una esperanza que resiste y un final que suena, por fin, a victoria.
