Ciencia
'David da Vinci', el niño genio mexicano con un coeficiente intelectual superior al de Einstein
Con 10 años, David Camacho imparte conferencias en universidades y para organismos internacionales, está a punto de publicar un libro y ha creado una app para darle la vuelta al bullying que sufrió en la escuela.
A David Camacho es probable que no le guste el título que encabeza este artículo.
Primero, porque no se identifica con la descripción de "niño genio", pese a que su coeficiente intelectual de 162 está muy por encima de los 130 que la Organización Mundial de la Salud (OMS) fija como el mínimo para considerar a una persona con altas capacidades o sobredotación intelectual.
"Los genios ya están en la tumba y, si son genios, es porque hicieron cosas geniales", le dice con modestia a BBC Mundo.
Segundo, porque reconoce que no le agrada mucho que le comparen con otras mentes brillantes como la de los físicos Stephen Hawking o Albert Einstein, a quienes se les estima un coeficiente de 160.
"Yo tengo 10 años y apenas estoy empezando. Quizá sea un genio cuando tenga 70 años, pero cuando ya haya hecho cosas geniales en la vida, ¿no?", insiste con una gran sonrisa.
Sin embargo, sí hay un genio con el que se siente tan inspirado que incluso ha adoptado su apellido para redes sociales: 'David da Vinci'.
"Mi maestra en el kínder me platicaba mucho sobre Leonardo da Vinci y de cómo él era polímata: alguien que combina las ciencias, tecnologías, ingenierías, matemáticas, artes, humanidades… de todo un poco", recuerda.
"Me quedé impresionado con su historia y entonces dije: 'Yo quiero ser como él', para hacer grande cosas".
Por ahora, David no parece mal encaminado hacia ese sueño.
De la NASA a escribir su propio libro
Siempre sonriente, elocuente y con un discurso tan ordenado como sorprendente para su corta edad, este niño originario de Querétaro cuenta de manera casual que imparte conferencias en universidades y para organismos internacionales, y que está a punto de publicar un libro.
También tuvo la "grandiosa oportunidad" de ser seleccionado para ir a la sede de la NASA en Houston y participar en un programa de entrenamiento espacial, donde pudo pilotar un vuelo asistido y experimentar la gravedad cero.
Hacia allá podría dirigirse su futuro, pero sin cerrarse ninguna puerta.
"Me gustaría hacer la primera cirugía en el espacio. Hacer el próximo SpaceX, ser el próximo Elon Musk, algo así. Combinándolo todo con los negocios, con las humanidades… ¡tengo toda la vida por delante!", cuenta.
Actualmente, David estudia en una escuela internacional en línea que lo certificará para poder ingresar en la universidad. Habla español, inglés, francés y alemán, y acaba de empezar con ruso, portugués e italiano.
Asegura que es "un orgullo" tener un coeficiente intelectual tan alto y que lo que más le gusta de ser un niño con altas capacidades es poder entender las cosas rápido y aprender de manera más acelerada.
"No muchas personas nacen con esto, así que me gustaría usarlo a favor de los niños y del bienestar de la humanidad, dejar mi huella", dice.
Sin embargo, cree que no siempre se comprende lo que es ser un niño genio.
"Mucha gente piensa que debemos saber todo, pero no somos adivinos, nos tienes que ir enseñando. No significa que tengamos todas las respuestas del universo".
Y agrega riendo: "Muchas veces me retan, diciendo: 'Si eres tan niño genio, dime la raíz cuadrada de no sé qué, multiplica por tanto…'. ¡Espérame, si no lo he aprendido, no lo voy a saber".
El bullying que supo aprovechar para emprender
Su madre, Claudia Flores, recuerda las primeras pistas que les hicieron pensar que había algo especial en David.
"Hacíamos un viaje largo en carretera y él se sabía como 40 canciones infantiles. Lo mandamos a la escuela y estuvo feliz 15 días, pero después empezó a decirme: 'Pásame con los niños grandes, quiero aprender más'", le cuenta a BBC Mundo.
"Me aburría mucho", confirma David.
Pero el momento decisivo llegó con la pandemia de covid-19. Su madre se sentó a su lado mientras tomaba las clases en línea y se dio cuenta de que era cierto que aprendía muy rápido en comparación con los otros niños.
"Le pregunté hasta qué número se sabía y llegamos contando hasta millones. Así que me puse a investigar lo que eran niños con altas capacidades, y especialistas nos dijeron cómo manejarlo", dice Claudia.
Pero, pese a todos sus logros, llegar hasta aquí no ha sido fácil para David. Asegura que sufrió un acoso "tremendo" en el que era el colegio de sus sueños.
"Los otros niños no entendían por qué alguien que acababa de entrar a la escuela podía saber más cosas que ellos ni cómo podía hacer tantas cosas. Su manera de reflejarlo era haciéndome bullying", explica.
David recientemente decidió aprovechar esa mala experiencia para darle la vuelta y utilizarla para desarrollar Macayos, una app que estará disponible a lo largo de este año.
Él la define como "la primera plataforma digital en México creada con inteligencia artificial, que de manera divertida enseña a los niños habilidades para saber gestionar sus emociones".
A todos aquellos que acosan a niños como él, David les pide empatía y que sean inclusivos. "No somos extraterrestres: tenemos altas capacidades, pero seguimos siendo niños".
De hecho, aunque reconoce que muchas de sus relaciones son con personas adultas porque siente "no encajar" con muchos niños, asegura que también hace cosas habituales de su edad como jugar con sus bloques o ir al parque.
"Muchos piensan que soy un niño disfrazado de adulto, pero pues soy un niño que hace cosas de niños… y también parte de cosas de adultos", resume.
El diagnóstico de niños superdotados
Él tuvo suerte por el hecho de que su diagnóstico de altas capacidades llegara relativamente rápido a su vida.
Un gran número de niños son identificados erróneamente como si tuvieran trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH) porque están inquietos o se aburren en la escuela. También puede confundirse con autismo.
"Lo que pasa es que el niño ya entendió lo que se está explicando y quiere algo más", opina Claudia.
De hecho, según estimaciones manejadas por instituciones como el Centro de Atención al Talento (CEDAT), en México se calcula que podría haber un millón de niños superdotados. Sin embargo, la gran mayoría no han sido identificados y el 93% de ellos fueron mal diagnosticados.
"Estoy seguro de que en México hay muchos niños como yo que no están siendo respaldados ni guiados. Me da mucha tristeza ver que hay grandes talentos y que se tienen que ir a otros países porque su familia no tuvo los recursos o aquí no encontraron las oportunidades", reflexiona David.
Durante toda la entrevista, el niño habla con gran rapidez. Salta de un tema a otro con facilidad y vuelve atrás si considera que olvidó mencionar algo importante.
Claudia reconoce que ser madre de un niño así es todo un reto.
"Ser mamá de Edgar David Camacho Flores es facilísimo, porque es un niño tranquilo, amoroso y noble. Pero ser mamá de David da Vinci es el reto, porque está acelerado, anda corriendo…", cuenta.
"Yo le digo que tiene dos ardillas en su cabecita. Pero él me dice que no, que tiene una computadora cuántica", concluye bromeando.
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