Calle 7
¿Le pide consejos a la IA? Estudio advierte que chatbots adulan más de lo que se cree
La tendencia de la inteligencia artificial a validar a los usuarios genera lo que los investigadores llaman "incentivos perversos" para la adulación.
Enviar fotografías, audios y mensajes privados a través de redes sociales se ha convertido en parte de la rutina diaria de millones de personas. Lo que aparenta ser una conversación cotidiana puede contener datos sensibles que, en determinadas circunstancias, terminan expuestos ante terceros.
En Costa Rica, el uso de redes sociales sigue en crecimiento y con él aumenta la cantidad de información personal que circula por plataformas digitales. Actualmente, 4,06 millones de personas utilizan estas redes en el país, donde comparten fotografías, ubicaciones, documentos e incluso información bancaria a través de aplicaciones como WhatsApp, Telegram, Facebook o Instagram. Dentro de ese total, Facebook concentra 3,5 millones de usuarios e Instagram alcanza los 2,65 millones, según el informe 2026 de DataReportal.
Los recientes cambios anunciados por Meta en materia de privacidad en algunas de sus plataformas han generado nuevas dudas entre los usuarios sobre la seguridad real de sus conversaciones privadas.
Los especialistas recuerdan que existen herramientas disponibles para reducir los riesgos, como el cifrado de extremo a extremo, la verificación en dos pasos, el bloqueo biométrico, los mensajes temporales y las alertas por accesos desconocidos. No obstante, insisten en que ningún sistema elimina por completo la posibilidad de exposición. El mayor problema, coinciden los expertos, sigue siendo compartir información sensible sin medir las consecuencias o sin verificar quién recibe realmente esos datos.
Entre la información que los especialistas recomiendan no compartir en redes sociales figuran datos bancarios, contraseñas, códigos de verificación y documentos personales.
En un entorno donde la comunicación digital crece de forma sostenida, la seguridad no depende únicamente de las aplicaciones ni de sus actualizaciones. Depende, en igual o mayor medida, de la prudencia con la que cada usuario decide qué comparte, con quién y a través de qué plataforma.
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