POR Sergio Arce | 12 de julio de 2016, 5:28 AM

Comienzo este blog haciendo una aclaración: no estoy en contra de la comida "orgánica y artesanal". Me encanta y la disfruto.

Mi punto es por qué tengo que pagar de más por platos que, a decir verdad, son una elaboración "moderna" de lo que se cocina en nuestras casas desde tiempos inmemorables.

Y eso me da un poco de cólera y les cuento dos ejemplos: por una hamburguesa "artesanal" me cobraron no hace mucho casi ¢10.000. Y por un humus "orgánico" me esquilmaron con ¢7.800.

Ambos estaban ricos, no muy ricos pero sí ricos, pero: ¿qué tiene de "artesanal" una hamburguesa que mi santa madre nos preparaba en la casa, con los mismos ingredientes, con mucho más amor (un poco más de grasa, claro está) y que si acaso le salía en la quinta parte de lo que pagué por esa otra días atrás?

Y es que más pareciera una moda -algo 'in' o 'fancy'- que el verdadero rescate de nuestra cocina tradicional, la que sí es artesanal como las tortillas palmeadas con queso que, me acuerdo, mami nos hacía a los mocosos de la casa, así como la olla de carne, el mondongo en salsa o en sopa, el arroz con pollo, la lasaña de carne o pollo, los prestiños, las arepas dulces, el tamal asado, el arroz con leche, el budín, los bizcochos o el queque seco (sin pasas, gracias a Dios) de sabores a gloria.

Solo falta que ahora vendan tortillas palmeadas "artesanales" a precios que suben de manera "orgánica". O chicharrones "orgánicos, sin calorías y que no dejan huella de carbono". 

Dicen que la plata está en la calle y muchas personas han tenido el olfato para atraparla con ventas de comidas "artesanales y orgánicas". Y en serio: aplaudo el espíritu emprendedor cuando se trabaja con honestidad, tesón, decoro y pasión.

Pero vuelvo al punto inicial: ¿por qué tenemos que pagar precios de oro por estos platillos que, denominados de otra manera, no costarían un ojo de la cara?

Les dejo planteada mi inquietud para que la comenten, sea a favor o en contra, pero siempre en un marco de respeto.