POR Rodolfo González | 25 de mayo de 2015, 5:26 AM

A veces creemos que las cosas son tan fáciles que se tratan solo con prender un bombillo y listo… pero ni siquiera eso es algo sencillo. Detrás de tal cosa hay toda una costosa operación.

Hace unos días visite el sitio donde el Instituto Costarricense de Electricidad está levantando el proyecto hidroeléctrico Reventazón: una mega estructura que no solo debe de destacarse por lo complejo de los trabajos sino por el valioso aporte que hará a la matriz energética del país y su orientación limpia y renovable.

Destaco algunos datos para que usted tenga una idea de lo que hablo:

La presa (estructura que hará posible un embalse en ese río) tiene más  del doble de altura que el edificio del Instituto Nacional de Seguros. Con sus imponentes 130 metros es la estructura más alta construida en el país.

Solo el largo de la cresta de esa presa es igual a dos veces la longitud del puente sobre el río Virilla en Tibás.

Para desviar el río Reventazón y secar un tramo para empezar la construcción fue necesario hacer dos túneles más grandes que el túnel Zurquí.

Se usó tanto concreto que si este se utilizara para construir una carretera de cuatro carriles, alcanzaría para casi 200 kilómetros de distancia. Es decir, cubriría el recorrido entre San José y Liberia.

Se hicieron tantos túneles que si se pusieran en línea recta conectarían La Sabana con Curridabat.

Al finalizar la obra, será la planta hidroeléctrica más grande de Centroamérica y sus dimensiones,  como obra en la región, serían tan sólo superadas por el Canal de Panamá.

Su producción de energía podría abastecer a toda el área metropolitana.

La inversión no es poca, pero parece que lo amerita: $1.400 millones.

Por fortuna, los apagones y los racionamientos de electricidad no son cosa común en Costa Rica, como si ocurre en otros países.

Esto es gracias a los hombres soñadores y visionarios que pensaron en darle una matriz energética tan particular a nuestras generaciones y cuyo legado es continuado en la actualidad. Las cosas no son tan sencillas como prender el  bombillo y listo.