POR Alejandro Umaña Rojas | 3 de junio de 2026, 16:25 PM

En las aguas del Pacífico Sur de Costa Rica, la naturaleza creó una de sus obras más impresionantes: una franja de arena que, vista desde el aire, parece una gigantesca cola de ballena (ver video adjunto de Telenoticias).

Cada año, miles de turistas llegan hasta Uvita para recorrer este singular paso de arena que da la impresión de unir dos mares distintos. A esta formación geológica se le conoce como tómbolo.

Solo en 2025, el Parque Nacional Marino Ballena recibió 223.686 visitantes, según datos del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC).

Para muchos, se trata de uno de los destinos naturales más atractivos del país. Sin embargo, hace más de cinco décadas, el futuro de este lugar parecía muy diferente.

Casi se convierte en un puerto

En 1970, la Asamblea Legislativa aprobó un contrato con la empresa estadounidense ALCOA. El acuerdo autorizaba la explotación de un yacimiento de bauxita en Pérez Zeledón.

Además, el documento comprometía al Estado costarricense a construir un puerto en Punta Uvita, justamente donde hoy se encuentra la famosa cola de la ballena.

El contrato establecía lo siguiente:

"El Estado hará que se construya un puerto a sus expensas en Punta Uvita, el cual incluirá un muelle y todas las obras portuarias necesarias".

También detallaba que la estructura sería utilizada para cargar alúmina y carga general, con dimensiones de 15 metros de ancho por 91 metros de largo y una altura de 3,65 metros sobre el nivel de la máxima marea registrada.

Sin embargo, el proyecto nunca llegó a concretarse.

Cientos de jóvenes, en su mayoría estudiantes de la Universidad de Costa Rica, protagonizaron una de las movilizaciones sociales más recordadas del país: las protestas contra ALCOA.

El movimiento creció tanto que terminó frenando la ejecución del contrato (pese a que ya había sido aprobado). Como resultado, ni el muelle fue construido ni se extrajo un solo gramo de bauxita.

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John Tresemer, un conservacionista estadounidense y vecino de Uvita desde 1972, vivió de primera mano la creación de lo que hoy es el Parque Nacional Marino Ballena:

"Iban a hacer un muelle grandísimo. Iban a traer barcos de gran capacidad para extraer bauxita, que es aluminio, porque esta tierra aquí tiene mucho aluminio. Ya habían comprado 2.000 hectáreas de lo que se llamaba la Hacienda Bahía. Ya tenían permiso, ya iban a hacerlo, pero no lo hicieron, porque la Universidad de Costa Rica hizo grandes manifestaciones".

Las ballenas seguían desprotegidas

A pesar de que nunca se construyó la terminal portuaria, las ballenas que visitaban las aguas de Uvita seguían sin contar con una protección formal.

Años después, el conservacionista John Tresemer impulsó la idea de crear un área protegida para resguardar este ecosistema. 

"Si no los protegen, los camaroneros los van a espantar a todos. Los camaroneros que andaban pasando día y noche arrastrando el fondo, destruían toda la pesca artesanal y todo", explicaba Tresemer.

La propuesta llegó hasta el entonces presidente Óscar Arias, quien conoció de primera mano la importancia ecológica de la zona.

Yo le propuse: 'Si quisieran hacer esto un área marina protegida, usted es el presidente, usted puede'. Y él estaba pensándolo. Al día siguiente tenía otro almuerzo con ellos y por casualidad esa noche llegó una ballena jorobada, haciendo aleteos, con la aleta pectoral y la cola también. Y me preguntó: ‘¿Qué era eso?’. Entonces le dije que lo único que puede ser es una ballena. Me dice: ‘¿Hay ballenas aquí en Costa Rica?’. Le digo: 'Sí, señor, hay ballenas'. Y dice: ’Wow, entonces esa es una buena idea para proteger las ballenas'. Le digo: 'Sí, claro, las ballenas, las tortugas, los delfines, todo lo que hay'", recuerda Tresemer.

Fue así como el 14 de diciembre de 1989, mediante decreto ejecutivo, se creó el Parque Nacional Marino Ballena.

Actualmente, el área protegida resguarda cerca de 5.500 hectáreas de ecosistemas marinos y costeros, además de servir como refugio para numerosas especies de fauna y flora.

Más de 50 años después de aquellas manifestaciones estudiantiles, el paisaje permanece intacto. Las ballenas siguen aquí y ALCOA no.

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