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El COVID-19 ha generado estragos en la capital o en sitios con mucha actividad enconómica. Locales que siempre han estado repletos de clientes hoy lucen vacíos por las medidas aplicadas. Hoteles con reservaciones vendidas están hoy cerrados.

Si esta enfermedad ha golpeado tan severamente estos sitios,  imagine lo que pasa en lugares que siempre han sido víctimas del abandono y la necesidad.

Un equipo de 7 días visitó la semana pasada el Golfo de Nicoya para retratar la situación que hoy viven los pescadores artesanales.

Sus ventas han caído estrepitosamente pues la ausencia de actividad en hoteles y restaurantes ha repercutido en la demanda de su producto.

Peor aún, en el horizonte ya aparece la veda, que terminaría de complicar su navegar en el golfo de la desesperación.