Por María Jesús Prada 15 de junio de 2026, 21:20 PM

Costa Rica tiene más de 900 especies de aves. Para muchos, ese es un dato de enciclopedia. Para miles de turistas extranjeros, es el motivo principal de su viaje al país. Se trata del aviturismo: una industria que combina conservación y turismo, y que hoy posiciona a Costa Rica como el quinto destino favorito del mundo para los observadores de aves, según estudios internacionales citados por el Instituto Costarricense de Turismo (ICT).

Como parte de su cobertura del Mes del Medio Ambiente, 7Días visitó dos destinos pioneros en esta actividad: Laguna del Lagarto Lodge, en Boca Tapada de San Carlos, y el Hotel Savegre, en San Gerardo de Dota. Ambos representan modelos distintos, pero sostienen un mismo principio: el bosque en pie vale más que el bosque talado.

En Boca Tapada, lo que comenzó como una decisión arriesgada —preservar 180 hectáreas de bosque y construir escondites fotográficos para atraer visitantes— se convirtió en el corazón de una operación donde el 80% de los huéspedes llegan exclusivamente para fotografiar aves. En la montaña de Dota, la historia es aún más antigua: una familia que creyó en el quetzal cuando nadie más lo hacía transformó San Gerardo de Dota en uno de los mejores lugares del mundo para avistar al ave sagrada de los mayas y los aztecas.

Desde el ICT, Rafael Soto Quirós, jefe del Departamento de Gestión y Registro de Empresas Turísticas, confirma que el aviturismo ha crecido de forma sostenida en el país. Guías locales, transporte, hospedajes: la derrama económica del turista de aves llega a comunidades enteras.

Más de 200.000 avituristas visitan Costa Rica al año, según datos de la Mesa Nacional de Turismo, cifra que sigue en aumento. La lógica detrás del fenómeno es tan sencilla como poderosa: mientras haya bosque, habrá aves. Y mientras haya aves, habrá turistas dispuestos a cruzar el mundo para verlas.

Repase el reportaje completo en el video que aparece en la portada de este artículo.

WhatsAppTeleticacom