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La falta de acuerdos entre los principales países productores de petróleo, como Arabia Saudita y Rusia, provocó que el crudo cayera hasta un 30%, la caída más grande desde la Guerra del Golfo en 1991.

En consecuencia, para los costarricenses significa un alivio en su bolsillo, ya que hay menos gastos en combustibles y transporte.

La reducción se debe a una menor demanda en los mercados internacionales por la desaceleración en el crecimiento de la economía, producto de la rápida propagación del coronavirus.

Durante 2020, el precio del crudo WTI (estadounidense) ha observado una reducción de $26 por barril, lo que equivale a una baja relativa de 43%.

El precio esperado de cierre para el final del año es de $38,75 el barril, observando una caída de $22 (36%) con respecto al final de 2019, cuando llegó a $60,4 por barril.

“Esta reducción de precios favorece a los costarricenses, puesto que el gasto en que deberán incurrir para adquirir combustible o cancelar el transporte público se reducirá, explicó Luis Diego Herrera, analista del Grupo Financiero ACOBO.

A raíz de esto, los consumidores tendrán más recursos disponibles, lo que compensaría el efecto de los mayores impuestos incluidos en la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas. "Las personas podrían destinar estos recursos a cancelar deudas o bien cubrir alguna otra necesidad”, agregó Herrera.

La inflación, entendida como el aumento en el nivel general de precios, será otra de las variables que observará un efecto de la caída en los precios internacionales del petróleo.

Para el economista Alberto Franco, “los menores precios internacionales de los derivados del petróleo, sin duda abaratarán la factura petrolera y el peso de ella sobre las importaciones. La disminución en los precios internacionales y locales, reducirá aún más la ya de por sí baja presión inflacionaria que hay en nuestra economía (en el 2019, la inflación cerró en un 1,56%). Por si sola, esta rebaja en el precio de los combustibles importados es un factor que mejora los términos del intercambio comercial del país y presiona a la baja el tipo de cambio”.

Por ejemplo, el traslado de mercancías se abaratará, lo que tendría un efecto positivo en el precio final de estas.

“En consecuencia, es de esperarse que el índice de inflación observe presiones a la baja en el futuro, reafirmando el entorno de estabilidad y poco crecimiento en los precios que experimenta la economía nacional. La estabilidad en el nivel de precios es una condición que viene a colaborar con el crecimiento de la economía. Esto permite que tanto empresarios como consumidores puedan tomar mejores decisiones de inversión y consumo, respectivamente”, agregó el experto de ACOBO.

Además, un nivel de inflación bajo brinda espacio para que las tasas de interés bajen, lo que también colabora con la reactivación de la actividad económica.

Este es uno de los pocos beneficios que trajo la pandemia del coronavirus, así como la disminución en la contaminación y de las ‘presas’ en carretera.