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La iglesia católica dio este lunes otro paso hacia la canonización de la costarricense María Isabel Acuña Arias, popularmente conocida como la niña Marisa.

La declaración de la niña Marisa como “sierva de Dios” es la aceptación de la Iglesia de la consulta que se le había presentado a Congregación para la Causa de los Santos en febrero anterior, un requisito previo a la beatificación.

“El proceso previo a iniciar una causa de beatificación y canonización está caracterizado por múltiples investigaciones y valoraciones en torno a la vida y obras de la persona candidata, sobre su fama de santidad a la hora de morir y de forma particular que se haya mantenido la misma a lo largo del tiempo en la conciencia del pueblo de Dios. 

"Estos aspectos se cumplen en este caso”, explicó el padre Alejandro Jiménez Ramírez, Vicario Judicial y quien fue designado por el Arzobispo Metropolitano como postulador de la causa.

María Isabel Acuña fue una vecina de Heredia quien murió el 15 de agosto de 1954 a la temprana edad de 13 años debido a un tumor cerebral. Su amor por el prójimo y entrega hacia los más necesitados la convirtieron muy pronto en una imagen de ayuda para los que la conocieron.

En el cementerio de Heredia, donde yacen sus restos, es común ver a gran cantidad de fieles llevándole peticiones y agradecimientos. A ella se le atribuyen diversos favores, lo que llevó al Arzobispo a aceptar y promover la posibilidad de una eventual beatificación.

"He querido aprovechar la visita a esta Congregación para la Causa de los Santos y preguntar acerca de las posibilidades que tendría el inicio de un proceso de investigación para la canonización de Marisa. 

"Creo que este primer paso significa mucho, es un primer acercamiento a un hecho que podría llenar a los costarricenses de muchísima alegría”, aseguró Monseñor Quirós en febrero anterior.

Para llegar hasta ahí, la Iglesia tuvo primero que escuchar a quienes conocieron a la niña Marisa y probar, mediante testimonios, su santidad.

Ese proceso inició hace casi 50 años con Monseñor Rubén Odio, el primero en escuchar la solicitud de los fieles y reconocer la influencia de su obra.

“El acercamiento del pueblo a la Iglesia en este caso se viene dando desde hace 50 años, Monseñor Rubén Odio fue el primero en impulsar su caso, pero en los años posteriores el proceso no avanzó, es hasta ahora que Monseñor José Rafael Quirós lo retomó y lo volvió a impulsar”, explicó el padre Alejandro Jiménez, quien ha seguido de cerca el caso.

Si el proceso avanza el último requisito será la comprobación científica (realizada por un panel de expertos) de un milagro, que es la prueba final de la santidad de una persona. Para la canonización, que es el reconocimiento universal de la santidad por parte de la Iglesia, es necesario presentar, y probar, dos milagros más.

Sor María Romero, declarada beata en 2002 por el papa Juan Pablo II, obtuvo dos de sus milagros en Costa Rica, gracias a los casos de sanación de Floribeth Mora y la pequeña María Isabel Quirós.