Por Dudly Lynch 15 de septiembre de 2026, 16:05 PM

Durante diez años, los cafetales de Naranjo fueron el lugar donde Guiselle Pérez buscó refugio.

La lluvia, el frío y los peligros de la noche formaban parte de su cotidianidad. Dormía sobre cartones y sobrevivía en medio de una adicción que la llevó a consumir drogas y, en uno de los momentos más difíciles de su vida, incluso alcohol de 90 grados.

También sufrió abusos y múltiples agresiones.

Hoy, a sus 50 años, Guiselle vive en un apartamento en Naranjo, cerca de sus padres. Tiene trabajo, carro, licencia de conducir y nuevos proyectos.

Pero llegar hasta ahí le tomó años y nueve intentos de recuperación.

Nueve oportunidades para comenzar de nuevo

Guiselle es madre de tres hijos, de 30, 25 y 23 años. Durante los años más difíciles de su adicción, sin embargo, su vida se alejó de ellos y de aquello que más quería.

Intentó salir adelante en varias ocasiones.

Pasó por nueve centros de restauración, donde buscó dejar atrás las drogas y el alcohol y enfrentar las heridas que arrastraba.

Después de esos intentos, encontró una nueva oportunidad.

Estudió y se formó como asistente de pacientes. Esa preparación terminó llevándola a trabajar precisamente en un centro de restauración.

La diferencia es que ahora no llega como paciente.

Guiselle acompaña a otras personas que buscan reconstruir sus vidas.

Conoce de cerca las dificultades que implica dejar una adicción y empezar nuevamente, porque ella misma tuvo que recorrer ese camino.

De los cartones a su propio apartamento

La vida que tiene hoy contrasta con aquella que conoció durante una década.

Después de años en los que su prioridad era sobrevivir, ahora puede pensar en lo que quiere hacer con su vida.

Uno de esos proyectos está relacionado con la agricultura.

Guiselle ahora siembra su futuro

En un terreno cultiva lechuga, culantro Castilla, cebollino y otros productos.

La actividad le exige algo que durante mucho tiempo estuvo ausente de su vida: paciencia.

Sembrar implica esperar, cuidar y trabajar para obtener resultados.

Para Guiselle, también representa una nueva etapa.

Atrás quedaron los años en los que los cafetales eran su refugio y los cartones, su cama. Hoy tiene un hogar y un trabajo, pero también la posibilidad de seguir construyendo.

Su historia no elimina lo que ocurrió durante los años de adicción ni las experiencias difíciles que enfrentó. Pero sí muestra el camino que recorrió para recuperar aspectos de su vida que había perdido.

Ahora, además de trabajar en la recuperación de otras personas, Guiselle cultiva sus propios proyectos; entre ellos está la tierra que decidió sembrar.

Esta es la segunda entrega de la serie de reportajes “Una luz al final de la calle”, que presenta Telenoticias en sus ediciones de las 6 a. m. y 12 m. durante esta semana.

WhatsAppTeleticacom