El Caribe también se vive entre rápidos, bosque y montaña: así es el recorrido por sus ríos
Desde las montañas de Turrialba hasta el Caribe, los ríos abren una ruta de agua entre bosques, rápidos y paisajes que se descubren de una manera diferente.
Hay otra forma de vivir el Caribe: seguir el camino que trazan sus ríos.
A unos 60 kilómetros de San José y 106 kilómetros del centro de Limón, las montañas, los bosques y el agua se convierten en protagonistas de un recorrido marcado por la aventura.
Aquí nacen ríos que atraviesan la montaña y descienden hasta encontrarse con el Caribe.
El Pacuare y el Reventazón cuentan con rápidos que, según la escala internacional de dificultad para el descenso de ríos —que va del I al VI, de menor a mayor exigencia—, pueden alcanzar la clase IV, es decir, tramos con corrientes fuertes, olas pronunciadas y maniobras más técnicas.
El Pejibaye, por su parte, se mueve entre la clase II y III, un nivel más accesible, con rápidos moderados aptos para quienes buscan una primera experiencia en el agua. Se trata de tres ríos y, por lo tanto, de distintas maneras de dejarse llevar por la corriente, según el nivel de intensidad que busque cada visitante.
Tres ríos y distintas maneras de dejarse llevar por la corriente.
Esta vez seguimos el curso del Pejibaye. Después de varios días de intensas lluvias, sus aguas ofrecían las condiciones ideales para recorrerlo entre rápidos, bosque y montaña.
Sin embargo, el rafting también está hecho de historias. Una de ellas es la de Rainer Barboza, conocido como "Sasi", quien nació sin el pie derecho y se desplaza con muletas. Nunca se sometió a operaciones ni optó por el uso de prótesis. En el camino, enfrentó obstáculos y en muchas ocasiones escuchó que, por su condición, no podría hacerlo. Hoy es un experimentado guía de rafting, y su historia demuestra que el río no impone las mismas limitaciones que a veces impone la mirada de los demás.
Historias como la de Sasi son parte de lo que hace del Pejibaye un destino que trasciende fronteras. Y la experiencia también atrae a visitantes de otros países. Familias que llegan incluso desde España en busca de una actividad que, según cuentan, no encuentran en otros lugares.
Al final, quienes se lanzan al río no se llevan solamente el paisaje.
Se llevan la fuerza de la corriente, la adrenalina de los rápidos y la sensación de haber recorrido una parte de Turrialba de una manera que no se puede vivir desde la orilla.

