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La vida cambió en cuestión de segundos para Gerardo Redondo en diciembre del año pasado, el temido virus del que se había protegido durante meses tocó la puerta de su casa.

Cuando se enteró que estaba contagiado de COVID-19 los síntomas ya lo habían deteriorado.

Aún no sabe cómo o dónde se contagió pues desde que inició la pandemia él y su esposa se cuidaron estrictamente.

Estuvo internado en el hospital Calderón Guardia desde el 6 hasta el 17 de diciembre.

Gerardo aún recuerda las palabras de los médicos que lo estaban tratando y todos los esfuerzos que hicieron para mantenerlo con vida.

Debido a la gravedad de su condición tuvo que ser trasladado a la Unidad de Cuidados Intensivos, ahí estuvo durante 3 días.

Durante su hospitalización perdió toda comunicación con su familia, pero en su mente, María, su esposa, siempre estuvo presente.

Gerardo de 68 años luchó para regresar a su hogar, donde lo esperaba su esposa, pero la muerte le respiró muy cerca.

A pesar de que ya tiene varios meses de recuperado, las secuelas que le dejó esta enfermedad son un recordatorio de lo vivido. Le duelen los pulmones, en ocasiones le falta la respiración y el cansancio se volvió su compañero todos los días.

Pero aún con todo eso agradece estar con vida y ser uno de los 187.484 pacientes recuperados que registra nuestro país a un año del inicio de la pandemia.