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Por Lau Sin Spoilers | Laureen Fernandez Revista Level Up

'Raya y el último dragón' es el largometraje más reciente de Walt Disney Animation Studios. Está dirigido por Don Hall, ganador del Oscar y director de Big Hero 6, y por Carlos López Estrada, director de Blindspotting. 

Con esta nueva propuesta mixta de streaming y cines, nos llega la historia de una nueva princesa: Raya. 

La historia nos cuenta que, tiempo atrás, en el fantástico reino de Kumandra, los humanos y los dragones vivían juntos en armonía, pero cuando unos siniestros monstruos amenazaron al mundo, los dragones tuvieron que sacrificarse para salvar a la humanidad. 

500 años después, esos mismos monstruos han regresado y la humanidad depende de una independiente guerrera, llamada Raya, para encontrar al último dragón y restaurar la paz. 

A lo largo de su viaje, Raya aprenderá que se necesita algo más que magia de dragón para salvar al mundo: necesita confianza, de modo que el guion se centra en las necesidades de ella como personaje para descubrir en quién confiar, cómo verse a sí misma y afrontar la vida. Los personajes a su alrededor son clave en esta película, ya que permiten que conozcamos la sensibilidad y carisma de Raya, así como las lecciones duras y los enfrentamientos a golpes (si, leyeron bien) de esta poderosa guerrera. 

El fuerte, como ya nos tiene acostumbrados Disney, es la animación. No se les escapa ningún detalle: texturas, colores, formas, sensaciones, pero sobre todo un ensamble de armonía y fuerza con el soundtrack. Se arriesgan a llevarnos a paraísos naturales con la confianza puesta en su capacidad para animar, podría casi decirse replicar: ríos, montañas, desiertos, aire, agua, etc. 

Considerando el público meta de la cinta y pensando en el increíble trabajo de hacer películas para “niños” que disfruten adultos, 'Raya y el último dragón' se queda con un 9/10, porque deja la sensación de que el final pudo ser más memorable y poderoso. 

Un punto válido es que cada vez se apuesta más a no contar historias centradas en el amor de pareja, lo cual no es “bueno” o “malo”, pero sí representa ampliar y permitir que el público infantil tenga otras opciones.