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Ernesto Valverde / Geek-Orama

En la época de las sagas, a veces es palpable que una segunda parte es más una forma de minar los bolsillos de los fanáticos que las ganas de expandir ese mundo con sus personajes y sus vidas.​

Afortunadamente, este no es el caso de "A Quiet Place 2". El director de la primera película, John Krasinsky, repite puesto y eso se nota: es alguien que entiende el espíritu del filme y sus conflictos, así como de lo que trata el guion, también de su puño y letra.

La película tiene su fuerza en el punto de vista de pocos personajes y no en la gran escala de la invasión, cómo en el mano a mano de las personas comunes todo lo que han aprendido es vital para sobrevivir a tan apocalíptico suceso.

En esta, continuamos con la historia de Evelyn Abbott (Emily Blunt) y sus hijos Regan (Millicent Simmonds), Marcus (Noah Jupe) y el bebé recién nacido, quienes deben buscar un lugar mejor para sobrevivir.

La incorporación de Emmet (Cyllian Murphy) es un acierto de esos que pocas veces vemos en las secuelas, tanto por como está escrito y construido el personaje como por la actuación de Murphy, que siempre es un gusto verla en pantalla.

Un inteligente uso de cámara y puesta en escena, así como un manejo de la luz muy atinado, con el “realismo” al inicio y unos colores hacia el final, terminan de amarrar un relato que supo encontrar en la primera entrega (2018) un lugar en el gusto de los amantes de este género. Esta, sin dudarlo, es una muy digna y buena continuación en la historia de los Abbott.

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