Por Mariela Montero Salazar 28 de marzo de 2026, 16:04 PM

Durante la Semana Santa, los costarricenses mantienen tradiciones que han pasado de generación en generación. Algunas están ligadas a la doctrina católica, otras responden a creencias populares.

En Teletica.com conversamos con el sacerdote y teólogo Manuel Chavarría, y con el sacerdote y sociólogo David Solano sobre tres de las prácticas más comunes en Costa Rica, para entender qué hacen los ticos y qué establece realmente la Iglesia:

1. No comer carne

En muchos hogares costarricenses, la costumbre es dejar de consumir carne desde el Jueves Santo o incluso durante toda la semana.

“Por práctica, la gente dejaba de comer carne desde Jueves Santo… y preparaban todo con anticipación para no cocinar esos días”, recuerda Solano.

Sin embargo, la Iglesia Católica establece algo más específico. El teólogo Manuel Chavarría explica que solo hay dos días de ayuno en el año: el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. “Este último tiene un sentido de acompañar a Jesús en su muerte”, indicó.

Además, el Sacerdote explica que el Viernes Santo es el único día en el que la Iglesia pide abstinencia de carne. El resto de los días, dejar de consumirla es una práctica voluntaria.

2. El uso de la palma

Otra de las tradiciones más extendidas se vive el Domingo de Ramos: muchas personas guardan la palma en sus casas, a menudo en forma de cruz como símbolo de protección, mientras que otras la queman durante tormentas con la creencia de que ayuda a calmarlas.

“Son creencias que la gente crea… como quemar palma cuando hay tormenta, aunque no hay una relación real”, explicó Solano.

Desde la Iglesia, la indicación es clara. “La palma bendita es una expresión de fe… no es un amuleto”, afirmó Chavarría.

La recomendación es conservarla como signo de fe. Incluso, algunas se utilizan posteriormente para la elaboración de la ceniza del Miércoles de Ceniza.

3. El huerto de Semana Santa

En parroquias de todo el país, el llamado “huerto” es parte de la tradición. Se trata de espacios donde los fieles donan alimentos, plantas e incluso animales, que luego se venden o distribuyen para apoyar obras sociales.

“En otros países existen prácticas similares, pero no con el mismo nivel de donación. En Costa Rica, estos productos se convierten en ayuda para personas necesitadas o en apoyo para obras sociales”, explica Solano.

De acuerdo con investigaciones de la Universidad de Costa Rica, esta tradición tiene un origen cultural más profundo: combina prácticas indígenas de ofrenda con elementos católicos vinculados al pasaje bíblico del Huerto de los Olivos.

Además, comparte características con otros altares religiosos, como los portales de Navidad, al representar escenas bíblicas con productos locales y tener un carácter temporal.

Aunque es una práctica muy arraigada, no forma parte de los mandatos de la Iglesia: “El huerto es parte del folclore y de las costumbres”, señaló Chavarría.

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