Nacional
Creer y sobrevivir: historias de fe en territorios donde ser cristiano es un riesgo
Nora y Aurora sirvieron en África en centros de salud, escuelas y donde hiciera falta una mano extra, pero al mismo tiempo, vivieron de cerca el peligro constante de ser perseguidas por sus creencias.
En muchas partes del mundo, profesar la fe cristiana no es un acto cotidiano ni cómodo.
Es, en algunos casos, una decisión que se toma bajo amenaza. Pero más allá de las cifras o los informes internacionales, hay historias que explican mejor que cualquier dato lo que significa vivir y resistir en territorios de persecución.
Aurora Mora, misionera laica colombiana, lo vivió en carne propia en África. Ahí, dice, hay territorios donde la persecución no es una idea abstracta, sino una realidad constante que se manifiesta en amenazas, secuestros y vigilancia permanente.
“Para algunos poderosos, el objetivo es que los cristianos desaparezcan”, resume.
Recuerda cómo, en una ocasión, cuatro misioneros fueron secuestrados con una advertencia clara: no serían liberados hasta que todos abandonaran el país. Algunos se fueron. Otros, como ella, decidieron quedarse. “¿Cómo vamos a dejar sola a la gente, a los cristianos?”, se preguntaron.
La decisión no era simbólica. Para algunos implicaba esconderse durante el día en huecos improvisados, vigilar desde lo alto de los árboles y sobrevivir en condiciones extremas, con temperaturas que superaban los 40 grados.
Para otros, implicó que en una casa diseñada para seis personas llegaran a convivir hasta 40, unidas por el miedo, pero también por la convicción de no abandonar a las comunidades cristianas que empezaban a formarse.
Dos de los misioneros secuestrados murieron. Los sobrevivientes relataron torturas, humillaciones y privaciones diseñadas para quebrarlos y así enviar un mensaje.
Pero incluso en ese contexto, Aurora encontró grietas de humanidad.
Pero incluso en ese contexto, Aurora encontró grietas de humanidad.
Habla de Arafat, un niño musulmán que le confesó querer conocer “el Dios del amor”. Ese tipo de acercamientos, sin embargo, supusieron un alto precio para la familia: cuando detectaron ese interés, la familia del niño desapareció de un día para otro.
“Nunca supimos a dónde se lo llevaron o a donde se fueron”, cuenta. La persecución, entonces, no solo se vive en la violencia directa, sino también en el silenciamiento y en la imposibilidad de vivir una religión diferente.
En otro territorio, pero en una realidad similar, la hermana Nora, misionera colombiana, recuerda su paso por Uganda, un país marcado por la historia de los mártires.
En otro territorio, pero en una realidad similar, la hermana Nora, misionera colombiana, recuerda su paso por Uganda, un país marcado por la historia de los mártires.
Ahí, explica, la persecución no siempre llega en forma de armas, sino también de presión social, cultural y religiosa. Convertirse al cristianismo puede implicar romper con tradiciones profundamente arraigadas, como la poligamia y enfrentarse al rechazo de la propia comunidad.
Sin embargo, también hay violencia explícita. Nora recuerda haber conducido una ambulancia en medio de zonas de conflicto, cruzándose con retenes armados y vehículos en llamas. “Claro que hay miedo”, admite.
Sin embargo, también hay violencia explícita. Nora recuerda haber conducido una ambulancia en medio de zonas de conflicto, cruzándose con retenes armados y vehículos en llamas. “Claro que hay miedo”, admite.
No tanto por la muerte en sí, sino por la crueldad con la que puede llegar. Aun así, su labor —atender enfermos de lepra, acompañar comunidades— muchas veces fue lo que le permitió seguir con vida.
Este lunes santo, el programa 7 Días presentará un reportaje especial que retratará la persecución cristiana en diversas partes del mundo, ahondará en los testimonios de estas dos misioneras y además explicará las causas detrás de una milenaria persecución que se remonta incluso a épocas del Imperio Romano, muchas veces sin tener un ligamen religioso directo.
Nora y Aurora coinciden en algo: la fe, en estos contextos, no es superficial. Es una decisión radical. “Quien la agarra, la vive con todas sus consecuencias”, dice Nora.
Nora y Aurora coinciden en algo: la fe, en estos contextos, no es superficial. Es una decisión radical. “Quien la agarra, la vive con todas sus consecuencias”, dice Nora.
Y, paradójicamente, la persecución no debilita a estas comunidades, más bien las fortalece. Aurora lo resume con una frase que ha escuchado una y otra vez: “La sangre de los mártires es semilla”.
Son historias que interpelan desde la distancia. Porque mientras en un lado del mundo la fe puede vivirse sin mayores riesgos, en otros implica esconderse, huir o incluso morir. Y, aun así, hay quienes deciden quedarse.
Son historias que interpelan desde la distancia. Porque mientras en un lado del mundo la fe puede vivirse sin mayores riesgos, en otros implica esconderse, huir o incluso morir. Y, aun así, hay quienes deciden quedarse.
No por obligación. Por amor.

