Por Stefanía Colombari 10 de octubre de 2026, 9:00 AM

Aunque popularmente se habla cada vez más de “personas tóxicas”, detrás de estas dinámicas puede existir un impacto psicológico mucho más profundo, capaz de favorecer la aparición de psicopatologías y, en determinadas circunstancias y junto a otros factores, incluso episodios de psicosis.

En el marco del Día Mundial de la Salud Mental este 10 de octubre, el director de Psicología de la Universidad Fidélitas, Álvaro Solano, advierte que la toxicidad emocional no debe entenderse únicamente como episodios aislados de maltrato verbal o conflictos entre dos personas.

El problema aparece especialmente cuando determinadas conductas se convierten en patrones recurrentes dentro de una relación y comienzan a modificar el bienestar emocional y la percepción que una persona tiene de sí misma y de su entorno.


“Cuando hablamos de toxicidad no solo nos referimos a conductas negativas, sino a patrones relacionales donde se repiten dinámicas de control, invalidación, dependencia emocional y agresividad encubierta. Estos factores, mantenidos en el tiempo, pueden afectar estructuras cognitivas y emocionales, predisponiendo a la persona a desarrollar patologías más complejas”, explicó Solano.


Entre las conductas que pueden aparecer en este tipo de relaciones están el uso de la culpa, el miedo o la lástima para manipular; el control excesivo; la crítica destructiva; los celos y la posesividad; la falta de empatía y la invalidación constante de las emociones. 

También puede presentarse el llamado gaslighting, una forma de manipulación que lleva a la otra persona a cuestionar su propia percepción, sus recuerdos o incluso su juicio sobre lo que está ocurriendo.

La exposición prolongada a estos ambientes puede mantener activo el sistema de respuesta al estrés y generar un estado de hipervigilancia. A esto pueden sumarse el deterioro del autoconcepto y el aislamiento emocional. 

De acuerdo con los especialistas, estas condiciones pueden favorecer la aparición de síntomas clínicos y asociarse con problemas como ansiedad, depresión, síntomas disociativos y otras alteraciones psicológicas.

Determinar si una dinámica de este tipo puede contribuir incluso a desencadenar un episodio psicótico requiere analizar también la vulnerabilidad y otros factores presentes en cada persona.

Algunas señales de alerta son sentir culpa o insuficiencia constantemente, experimentar ansiedad o agotamiento después de interactuar con determinada persona, tener miedo de expresar desacuerdo, sentir que las propias emociones son minimizadas o percibir que existe un desequilibrio permanente de poder.

Ante estas situaciones, los especialistas recomiendan establecer límites, buscar apoyo profesional y, cuando sea necesario, tomar distancia. Detectar estas dinámicas a tiempo puede impedir que un vínculo dañino termine convirtiéndose en un problema mucho más profundo para la salud mental.

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