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El estado de Israel es la cuna de las tres religiones más importantes del mundo. ¿Cómo conviven judíos, musulmanes y cristianos en este país?

Frente al mar Mediterráneo en el Medio Oriente se encuentra Israel, la Tierra Santa. Un país de 22.072 metros cuadrados, con 9.092.000 habitantes que viven en el pueblo de Dios.

Aquí la religión y sus tradiciones están presentes a cada segundo.

Cinco veces al día se escucha el llamado de alguna mezquita a hacer oración. Donde quiera que estén los musulmanes se detienen a hacerlo, siempre en dirección a una meca.

A unos 12 kilómetros por la calle nos encontramos un rito judío.

Este joven está cumpliendo 13 años y celebra el Barmitzba. Según la ley judía, a partir de esta edad se considera responsable de sus actos y digno de un castigo en caso de faltar a los mandamientos de la Torá.

En esta ciudad por la que caminó Jesús, por ley todas las fachadas se tienen que pintar de blanco, por eso Jerusalén, la capital, es conocida como la ciudad blanca.

Aquí llegan más de 4 millones de turistas por año a quienes no les intimida noticias de atentados, bombas u otros.

En Israel hay seguridad visible en las calles pero no masiva, la gente camina tranquila. Las amenazas de bomba no son una broma, pero quizá se dejar de pensar en ellas en el día a día cuando se tiene un domo de hierro que intercepta misiles en el aire hasta a 70 km de distancia y los destruye.

Israel ha invertido más de 1.000 millones de dólares en esta tecnología de punta. La cúpula de hierro ha interceptado miles de misiles en el aire y los ha destruido salvando miles de vidas.

Con este sistema de defensa se protege Israel desde el año 2011. Pero en medio de los conflictos políticos y religiosos, judíos y musulmanes hasta trabajan juntos.

Ahmad Attoum es un palestino a cargo del transporte, quien junto con Benzion Ornan, un guía judío, acompañaron a 38 ticos a visitar más de 20 ciudades en Tierra Santa.

Comenzamos en el poblado de Ein Karem o el Manantial de María.

Según el evangelio de San Lucas, la Virgen María llegó hasta este lugar a visitar a su prima la hoy Santa Isabel cuando supo que ella esperaba en su vientre a quien fue Juan el Bautista.

María hizo un recorrido de 180 kilómetros en burro desde Nazareth hasta la casa de la Santa Isabel y antes de llegar se detuvo en este pozo a tomar agua. Este lugar sagrado se llama hoy el Manantial de María.

Ella luego caminó por esta empinada cuesta que hoy tiene más de 100 gradas que no son fáciles de subir. Finalmente llegó a la casa de la Santa Isabel.

Aquel hogar de Isabel y Zacarías y los padres del Bautista es hoy un santuario franciscano llamado Iglesia de la Visitación. En la fachada un hermoso mosaico muestra a María montada en un burro y escoltada por ángeles en su camino desde Nazaret.

En los alrededores el Magnificat está escrito en 50 idiomas.

Dentro del santuario todavía hay un pozo de agua de la antigua casa y se conserva una piedra, llamada roca del ocultamiento, tras la cual Isabel habría escondido al niño Juan cuando Herodes mandó la matanza de los inocentes.

Este lugar cristiano tiene importancia hasta para los musulmanes, quienes consideran a Jesús un profeta.

Muy cerca de este santuario en Jerusalén se encuentra otro templo, donde se dice que nació el Bautista. Y es que, según la historia, nació en otra casa en la que también pasaban días Isabel y Zacarías.

Este lugar sagrado convertido hoy en la Iglesia de San Juan Bautista también es visitado por miles de peregrinos de todo el mundo.

Este conoceremos como es hoy Nazaret, el pueblo de Jesús.