Por Luis Ortiz 14 de marzo de 2016, 5:52 AM

El 14 de marzo de 1926 una tragedia enlutó a la sociedad costarricense. Lo que iba a ser una celebración, en cuestión de segundos se convirtió en tristeza.

Este no era un domingo cualquiera. Aquella mañana era de fiesta. Cientos de alajuelenses y heredianos tomaron el tren muy temprano a las 7 de la mañana, justo frente a la estatua de Juan Santamaría, todos iban a visitar a la Negrita.

Una celebración a beneficio del asilo de ancianos de la vieja metrópoli congregaba a muchos fieles que iban con sus mejores galas hacia la antigua capital, hacia la Cartago de 1926.

La locomotora número 9, el cabús y los seis vagones de pasajeros del tren especial de ese domingo comenzaron su recorrido muy temprano. Una cantidad estimada de 700 pasajeros colmaba los carros del tren, todos juntos tenían una capacidad estimada de 600; iban unos 100 pasajeros en exceso.
 
Luego de recoger más pasajeros en San Joaquín de Flores y Heredia la siguiente parada era Cartago. Eran tantos viajeros que muchos no pudieron subir y quedaron en la estación con tiquete en mano.

La Northern Railway Company había dispuesto del tren especial, los organizadores habían vendido los tiquetes a un precio muy bajo aún para la época, cada boleto a Cartago tenía un valor de un colón con cincuenta céntimos.

Pero el destino impidió la fiesta, el tren de ese 14 de marzo no llegaría a Cartago.

Tras bajar una pendiente y tomar una curva la locomotora de vapor conducida por Gonzalo Facio, se acercaba al puente negro, el que le permitía cruzar el cañón del río Virilla. Allí ocurrió lo inesperado.

Los últimos tres vagones descarrilaron justo antes de entrar al puente. El carro número nueve cayó al cañón del Virilla, el número 26 quedó guindando y bloqueando el puente, mientras que el último, el número cinco, volcó al borde de la estructura.

Segundos después decenas de ojos miraban la mayor tragedia que recuerde Costa Rica. Decenas de cuerpos yacían en el río, otros a la orilla del puente, muchos más dentro de los vagones.

La gran mayoría de ellos eran vecinos de Alajuela.

Según los datos de la época, 360 personas fallecieron en el Virilla, otras 93 resultaron heridas y colmaron el hospital San Juan de Dios, el de Alajuela y el de Heredia.

La población de Costa Rica para ese momento se calcula en poco más de 471 mil habitantes, según los datos del censo de 1927. Los 360 fallecidos significaban un 0,076% de todos los costarricenses. 

Si hoy muriera el mismo porcentaje de la población, la cantidad de fallecidos rondaría 3.280.

La escena de ese 14 de marzo fue descrita así por el diario de Costa Rica: "de pronto, crujen todas las estructuras, saltan los vidrios, trepidan los carros, y los más horrorosos gritos se lanzan por el aire. Eran los mil pasajeros que sentían el abismo: la muerte. Los vagones quedaron desastillados, hechos un puño de maderas y de hierros retorcidos. Los vidrios cubrieron todo el camino. Los asientos se desprendieron y rodaron por el abismo". (Diario de Costa Rica, 16 de marzo de 1926).

La operación de rescate fue complicada, la Cruz Roja no estaba preparada para una tragedia de esa magnitud, los cuerpos se colocaban a la orilla de la vía del tren, los heridos eran trasladados de cualquier forma posible.

La necesidad era tal, que el propio presidente de la República, Ricardo Jiménez, tuvo que poner dinero de su billetera para ayudar a la Cruz Roja, lo mismo hizo el exmandatario Bernardo Soto.

¿Qué pudo provocar la tragedia?

La alta velocidad podría ser una de las causas. 

Relato de Ángela Arias, una de las sobrevivientes en el Virilla: "Como iba de pie y pegada a la ventana, al ver hacia el exterior me daba cuenta de la mucha velocidad del convoy por los árboles demás cercas que parecían correr y por el movimiento del carro que iba para abajo y para arriba".

Según un ingeniero ferroviario, la locomotora a vapor debía tomar el puente a mucha menos velocidad.

Otra posible causa es una falla en los acoples. Un pin que aseguraba los acoples entre el tercer y cuarto carro se pudo zafar pues según la investigación de los peritos este no estaba y los acoples no se dañaron.

El sol de ese 14 de marzo cayó y las operaciones de rescate continuaban, los trenes llevaban cuerpos de fallecidos y heridos en distintas direcciones, otros se trasladaban en carros o carretas.

El puente negro sigue ahí y cada 14 de marzo recuerda a las más de 300 víctimas de la tragedia.