Andy Reid, el limonense que pasó 25 años en la calle y hoy vuelve a vivir de su música
Durmió sobre cartones, pasó hambre y conoció el desprecio. Hoy, a sus 71 años, volvió a cantar y tiene su propio grupo de calipso.
Andy Reid tiene 71 años y durante 25 años vivió en condición de calle. Conoció el hambre, el frío, la soledad y el rechazo de quienes muchas veces prefirieron no verlo (ver video adjunto).
Hoy, su historia es diferente. Andy volvió a encontrar aquello que nunca perdió por completo: su música, su voz y las ganas de vivir.
De los escenarios a la calle
Andy creció en el barrio San Marcos, en Limón. Desde muy joven supo que la música sería parte de su vida. Tocaba batería y llegó a convertirse en un destacado cantante. Compartió escenarios con reconocidas agrupaciones del país y conoció el sabor de los aplausos.
Pero la vida también le mostró otra cara. Una adicción cambió el rumbo de su historia.
Lo que alguna vez fueron escenarios, canciones y aplausos terminó convirtiéndose en hambre, frío, rechazo y abandono. Andy pasó años durmiendo entre cartones, debajo de puentes y en las calles de San José y Puntarenas.
Veinticinco años en la calle dejaron heridas que no siempre se ven. Hay heridas en la piel, pero también en la memoria. Hay palabras que se olvidan y otras que permanecen durante toda una vida.
Cinco veces lo intentó
Andy estuvo en cinco centros de restauración. Fueron años de lucha, recaídas, esfuerzo y decisiones difíciles. Cada intento también representó una oportunidad para volver a empezar.
Aunque el camino no fue sencillo, siguió buscando una salida. Porque incluso en los momentos más oscuros, nunca dejó morir por completo la música.
Hoy, aquella persona que alguna vez fue maltratada y despreciada por muchos vuelve a mirar la vida de frente. Tiene 14 hijos, una historia llena de cicatrices y una ilusión que crece cada día: salir adelante con esfuerzo y con su talento.
La batería quedó atrás, pero sus manos encontraron otro instrumento: el quijongo.
Y su voz nunca se apagó. Andy canta tango, rancheras, merengue y, por supuesto, lleva en el corazón los sonidos de su tierra: el reggae, el calipso y otros ritmos del Caribe.
Ahora, la música ya no es solamente un recuerdo de quien fue. Es parte de quien es.
De dormir en cartones a volver a los escenarios
Andy asegura que la vida le volvió a sonreír. Para él, Dios le tendió la mano y esta vez decidió aprovechar la oportunidad.
Atrás quedaron aquellos años difíciles en las calles. Hoy tiene su propio grupo musical: Calipso Watiri. Y cuando canta, no solo interpreta una canción. También cuenta, sin necesidad de muchas palabras, todo lo que ha vivido.
Esta es la tercera entrega de “Una luz al final de la calle”, una serie de reportajes que cuenta las historias de personas que estuvieron en condición de calle y que hoy luchan por salir adelante y construir una nueva vida.

