23 de mayo de 2014, 5:12 AM

La mañana del 19 de febrero es una que doña Marjorie Monge jamás olvidará. Ese día, poco antes de las 6 de la mañana, ella se enteró que su hija Emma, de 18 años en ese momento, había sufrido un accidente camino al trabajo.

El pronóstico para Emma en esos momentos no era positivo, si la operaban podía morir en la sala y sino, jamás recuperaría sus habilidades mentales y motoras.

Como buena madre, doña Marjorie nunca se dio por vencida y trabajó al lado de sus hijos y los médicos del Hospital de Trauma para asegurar que eso no sucediera.

Hoy, Emma, aunque aún presenta visibles secuelas por el accidente, mejora día a día, nos contó que lo que más extraña es el estudio.

"Ninguna madre debería de pasar por lo que yo pasé", nos dijo doña Marjorie, pero lamentablemente los accidentes suceden; así que ella quiso concluir con un mensaje para las madres que hoy sufren y rezan por el estado de salud de sus hijos.

Su consejo se basa en que hay que tener fortaleza y transmitirla a ese ser querido que se encuentra en una situación dolorosa y que nosotros compartimos, "porque es muy duro".