Por Katherine Ortega 24 de diciembre de 2013, 2:39 AM

El sábado en la mañana los recibió el tradicional calor de Buenos Aires de Puntarenas, y las tímidas sonrisas  de muchos niños. 

La emoción por ayudar, por dar alegría en esta época, era suficiente combustible para ponerle bonito, bajar todo de los carros y alistar la fiesta.

Por tercer año consecutivo,  el grupo de apoyo operacional de la Fuerza Pública, se organizó para llevar regalos y víveres a la comunidad indígena de La Rosa de Salitre.

En conjunto con empresas privadas, estos policías recolectan regalos y comida, y en la víspera de Navidad, viajan hasta una zona alejada y socialmente olvidada, para repartir alegría.

Más allá de la entrega material, dan su tiempo, una sonrisa, un mágico dibujo en la piel, esos pequeños detalles que sólo el corazón entiende y agradece.

Con iniciativas como esta, eso de que la navidad es tiempo de compartir, y de dar amor, deja de ser una frase trillada, para convertirse en una experiencia de vida, en verdadero alimento para el alma.

Estoy seguro de que por medio de su pantalla, esta historia le llena de satisfacción, saber que estos niños y sus padres disfrutaron de un lindo día, sonrieron al lado de estos buenos policías… ahora imagínese vivirlo en carne propia. 

Siga el ejemplo de ellos, llénese de ese espíritu navideño. Una sola sonrisa hace que cualquier esfuerzo valga la pena.