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"Me prometí volver a Budapest de otra forma". Dos años después de haber dormido en las calles de la capital húngara, la adolescente siria Yusra Mardini vuelve a la ciudad y esta vez lo hace para participar en el Mundial de natación, que se disputan en ese lugar hasta el domingo 30 de julio.

La joven de 19 años, que en la actualidad vive en Berlín, se hizo conocida mundialmente en 2015, cuando la pequeña embarcación con la que ella y otras personas intentaban alcanzar las costas de Grecia, empezó a hundirse.

Mardini y su hermana decidieron entonces echarse al agua y empujar la balsa hasta la isla de Lesbos, salvando así a varias familias. Las dos jóvenes permanecieron en el agua tres horas, tirando de la embarcación, tras un viaje de 25 días desde su Siria natal.

"Mi hermana (Sara) saltó al agua y yo la seguí y, junto a dos hombres, empujamos la barca hasta la orilla", explica la joven tras haber completado la prueba de los 100 metros mariposa en Budapest.

Un año después de sobrevivir -y de ayudar a otras personas a hacerlo- a las aguas del Mediterráneo, Mardini venció su serie de los 200 m estilo libres en los Juegos de Rio, compitiendo en el equipo de Atletas Olímpicos Refugiados.

Dormir en el suelo

En 2015, Hungría se convirtió en uno de los 'puntos calientes' de la crisis migratoria que atravesaba Europa al tiempo que las políticas anti-inmigración del Primer ministro, Viktor Orban, se endurecían, transformando las estaciones de trenes y autobuses del país en campamentos improvisados para los refugiados.

"Dormí en el suelo, en las estaciones. Fue horrible", recuerda la joven nadadora.

"En aquella época la gente me pareció muy maleducada. Mi entrenador, incluso, tuvo miedo cuando le dije que volvía (a Budapest), pero ahora es diferente. Y he cambiado mi opinión sobre los húngaros. Esta semana ha sido genial", asegura Mardini.

"Comprendo a las personas y sus miedos. Seguro que yo hubiese tenido los mismos. El problema es que nunca intentaron abrirse", agrega.

"No quiero decir con esto que todos los refugiados sean increíbles o que todos sean unos ángeles. En cualquier lugar del mundo hay buenas y malas personas. Y nosotros, los refugiados, también somos así", apunta la nadadora.

Tras su viaje a los Juegos Olímpicos de Brasil, que definió como "un sueño hecho realidad", Mardini dice sentirse "feliz y emocionada" de poder participar en otra gran competición, donde también disputará -tras la prueba de los 100 m mariposa- los 200 m de estilo libre.

En Berlín, donde reside, se entrena y aprende alemán, pero sin olvidar su sueño: poder competir algún día bajo la bandera de Siria.

"Esperaré a ver cómo se desarrollan los acontecimientos en Siria sin olvidar jamás lo que Alemania ha hecho por mí. Espero representar a esos dos países de la mejor manera posible", apunta la nadadora, que quiere escribir un libro tras el Mundial de Budapest. También se está preparando una película sobre su vida.