Generación perdida: Muertes de jóvenes por violencia y choques frenan la esperanza de vida en Costa Rica
Expertos señalan que el incremento de muertes prevenibles en personas de 15 a 39 años comienza a reflejarse en indicadores demográficos clave del país.
Costa Rica ha construido durante décadas una reputación ligada a la longevidad de su población. Según los datos más recientes de 2025, la esperanza de vida ronda los 81 años, una cifra que con frecuencia se presenta como prueba de las condiciones de salud y bienestar del país.
Sin embargo, detrás de ese promedio surge una pregunta fundamental: ¿qué significa realmente la esperanza de vida?
Para la experta Laura Solís, del Instituto de Estudios Sociales en Población (Idespo) de la Universidad Nacional (UNA), este indicador “permite ver esa radiografía o situación de cuál es el estado de un país en varios temas. Como por ejemplo, salud, prevención de enfermedades e incluso educación. Nos permite hacer una proyección de cuántos años podría vivir una persona si naciera hoy”.
En los últimos años, demógrafos y especialistas en salud pública han comenzado a observar un fenómeno que genera preocupación: el aumento de muertes en edades tempranas.
Una parte importante de esos fallecimientos está asociada con causas externas, especialmente accidentes de tránsito y homicidios. De acuerdo con los especialistas, se trata de situaciones que en muchos casos podrían prevenirse.
Solís señala que estas muertes suelen estar vinculadas con distintos factores, entre ellos problemas de educación vial, deficiencias en la infraestructura y conductas temerarias en carretera.
"Son muertes que su causa principal conlleva a una mala educación vial, infraestructura que necesita apoyo o mejoras fundamentales, por que tal vez no hay respeto dentro de las carreteras, conductas temerarias", Laura Solís, Idespo (UNA).
Este fenómeno ocurre además en un contexto en el que el país aún arrastra efectos demográficos derivados de la pandemia.
El demógrafo Gilbert Brenes, del Centro Centroamericano de Población, explica que el incremento de muertes por causas externas ha impedido que se observe una mejora en la esperanza de vida masculina que, en condiciones normales, ya debería reflejarse: “Si no se hubiera dado el aumento en muertes por causas externas, entre los hombres se esperaría un incremento de hasta 0,5 años en la esperanza de vida… y eso no se ha observado”, Gilbert Brenes, Centro Centroamericano de Población.
Las consecuencias no solo se reflejan en los indicadores poblacionales. También comienzan a sentirse en la estructura de los hogares costarricenses.
Brenes señala que distintos factores —entre ellos la mortalidad, el descenso de la fecundidad y cambios en las aspiraciones de las personas jóvenes— han modificado la composición de las familias.
“No solo por la mortalidad y el descenso de la fecundidad, sino por la reorganización y las aspiraciones de las personas jóvenes. Hace 15 o 20 años el promedio por hogar era de 4 personas; ahora es de 3 o menos”, Gilbert Brenes, Centro Centroamericano de Población.
Cuando las muertes se concentran en edades tempranas, el impacto va más allá de las estadísticas: se trata de años de vida que se pierden, proyectos que quedan inconclusos y cambios que comienzan a sentirse, de forma silenciosa, en la estructura social del país.
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