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La urgencia por aprobar la reforma fiscal provocó el descuido en la atención del desempleo en el país.

Este es el saldo que deja el primer año de la administración Alvarado Quesada.

La promesa de trabajar hecha por el Presidente Alvarado se ahoga en la realidad de 276 mil costarricenses.

Son las personas sin trabajo, cifra que recolecta el último estudio del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).

El índice se ubica en 11.3%, pero durante la administración actual ya marcó el histórico y vergonzoso récord de 12% de desempleados en setiembre.

¿La razón inmediata? Un posible descuido. Así lo llegan a catalogar en el Ejecutivo, pero que justifican por la urgencia en la atención del déficit fiscal.

El desempleo golpea con mayor fuerza a las mujeres, 140.000 no tienen trabajo, mientras que la cifra de hombres desocupados son 136.000.

Bajar esos números es una tarea que la presidencia reconoce difícil y lenta de solucionar.

Los ojos fiscalizadores de la oposición van un poco más allá y critican con mayor dureza; ven errores más graves en estos 365 días que podrían estar pasando factura.

Y hay otra razón, pero heredada según el Gobierno. Se remonta a casi 40 años.

El desafío es reinsertar a ese grupo de personas que dejaron sus estudios y requieren de capacitación.

Una promesa, que, desde el 8 de mayo anterior, ya estaba en el discurso del Presidente.

El contraste de estos números en 365 días es cumplir con éxito una meta trazada: lograr la reforma tributaria.

En esto, oficialismo y oposición se amalgamaron para alcanzar la aprobación en diciembre anterior.

El trabajo no está terminado. El problema fiscal requiere de otras tareas pese a que el déficit al menos desaceleró su crecimiento.

Otras reformas como la de empleo público, para reordenar privilegios en el sector público, apenas y dará primeras brazadas en aguas legislativas.

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