Por Gabriel Pacheco 25 de julio de 2026, 8:00 AM

En Matambú, el último territorio indígena chorotega reconocido de Costa Rica, abrir las puertas a los visitantes se ha convertido en una estrategia para mantener vivas tradiciones que han sobrevivido siglos de historia. 

La gastronomía, la cerámica, los ranchos y las costumbres heredadas de sus ancestros hoy son también el principal atractivo con el que la comunidad busca asegurar que su identidad no desaparezca.

Marvin Hernández, fundador del emprendimiento Matambú Tours, explica que, aunque los chorotegas ocuparon gran parte de la península de Nicoya, fue esta comunidad la que logró conservar el reconocimiento como territorio indígena. Para él, esa condición representa un orgullo, pero también una responsabilidad.

"Los chorotegas fueron de las culturas más golpeadas en la colonización. Prácticamente perdimos el lenguaje, ciertas tradiciones, ciertas creencias. Sin embargo, lo que conservamos lo cuidamos y es una lucha constante", comentó.

Cultura chorotega en Matambú
Matambú está rodeado por las montañas guanacastecas. 

Esa lucha también enfrenta nuevos desafíos. Hernández asegura que el avance de la tecnología y los cambios en la forma de vida han reducido el interés de las nuevas generaciones por actividades tradicionales como la agricultura, base histórica de la cultura chorotega junto con el maíz.

Precisamente alrededor de ese grano gira buena parte de la experiencia que ofrece Nangú Chorotega, un emprendimiento impulsado por Elizabeth Hernández y su esposo, Pedro Pablo Pérez Castrillo. El nombre significa "hogar", porque su propósito es que cada visitante encuentre allí una casa abierta para conocer la cultura chorotega desde sus raíces.

Cultura chorotega en Matambú
La experiencia le permite a los visitantes preparar rosquillas y tanelas con sus propias manos.

En el lugar, los visitantes aprenden a preparar rosquillas, tanelas y arroz de maíz, además de conocer los juegos tradicionales y uno de los últimos ranchos chorotegas que permanecen en la comunidad. Para Elizabeth, estas recetas han pasado de generación en generación y continúan siendo parte de la vida cotidiana de Matambú.

"La tortilla no le falta a nadie. Es algo muy tradicional (...) Esto ha sido una tradición. Al igual el chicheme, tienen años de años; va de generación en generación: los bisabuelos, los abuelos, los papás, los nietos y los bisnietos", relató.

Cultura chorotega en Matambú
Pedro calienta el horno para las rosquillas.
Otra de esas expresiones culturales permanece viva gracias al trabajo de artesanas como María Eugenia Mendoza, quien desde hace más de una década se dedica a la elaboración de piezas de barro, un conocimiento que heredó de su familia.

"Uno nace como con el barro ahí incluido. Cuando los abuelos y la mamá trabajan el barro, uno crece con esa inquietud. Son cosas de nuestros ancestros y nuestros hijos y nietos tienen que aprenderlas para que se las enseñen a sus hijos", afirmó.

Aunque reconoce que parte de la identidad chorotega se ha perdido con el paso del tiempo, Mendoza destaca que la gastronomía continúa intacta. Sin embargo, advierte que la discriminación todavía provoca que algunos jóvenes oculten sus raíces.

Cultura chorotega en Matambú
En el taller de María Eugenia, una pieza tarda hasta tres días en terminarse por el tiempo de secado y horneado. 

"Muchos de los jóvenes a veces niegan sus raíces por la discriminación (...) Hemos perdido parte de la lengua, pero la gastronomía no se ha perdido; eso está intacto", señaló.
Frente a ese panorama, el turismo comunitario se ha convertido en un aliado para darle valor a las tradiciones y generar oportunidades económicas para las familias que las mantienen vivas. Hernández asegura que, desde hace poco más de una década, la comunidad comenzó a entender que su identidad también podía convertirse en una oportunidad para compartir su historia.

En el taller de María Eugenia, los turistas aprenden a hacer las piezas, las moldean con sus propias manos y finalmente se las pueden llevar para su casa como el recuerdo palpable de una tradición prehispánica que se resiste a morir en Matambú. 
"Nuestra identidad tiene mucho valor. Tratamos de que cuando viene el visitante aprenda y que también sea algo que involucre a muchas personas de la comunidad", explicó.

Cultura chorotega en Matambú
Las piezas de barro se hornean en un horno del mismo material a temperaturas altas.

En la comunidad prefieren no hablar de turistas. Para ellos, quien cruza el territorio indígena llega como un visitante. "Queremos que se sientan como en casa, que digan: 'Fui a visitar un pueblo, no fui simplemente de paseo'", resume Hernández.

Esa filosofía es, al mismo tiempo, la forma en que la última reserva indígena chorotega busca que cada visita contribuya a preservar una cultura que todavía resiste el paso del tiempo.

Marvin ofrece los tours por diferentes aspectos de la cultura y el taller para grupos nacionales y extranjeros con precios variados, según los requerimientos de los clientes. Puede contactarlo al 8638-8890.

La familia de Pedro y Elizabeth recibe a todo el que quiera aprender los secretos del maíz, con almuerzo incluido y un recorrido por los senderos de su propiedad. Además, podrán experimentar juegos tradicionales de Guanacaste y escuchar las historias de Matambú que marcan a esta cultura. Puede contactarlos al 8373-6380.

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