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La vida de José Guillermo Jiménez Montero, de 69 años, cambió por completo desde noviembre anterior.  Él es un paciente recuperado de COVID-19, pero pasó por situaciones médicas que lo tuvieron al borde de la muerte tres veces.

Estuvo hospitalizado aproximadamente dos meses y medio, dos de los cuales pasó en coma inducido tras ser intubado.

Durante ese tiempo agonizó, su hemoglobina llegó a 2, perdió su habilidad para caminar, le entró un hongo en el pulmón, convulsionó, tuvo muerte cerebral "parcial", entre muchas otras cosas.

La historia de lucha de este endocrinólogo se remonta a octubre de 2020, cuando se dio cuenta que estaba contagiado de COVID-19, al igual que su hija y nieta.

Sospecha que se contagió porque su hija tuvo vértigo muy fuerte días antes y él ayudó a cuidarla. Ella salió positiva y, por ende, él también.

Los primeros días todo parecía normal, una gripe “regular”. El hombre no tiene ningún otro factor de riesgo que no sea su edad; sin embargo, la familia no sabía lo que estaba a punto de vivir.

“Al principio todo fue muy normal. Lo que tenía era mocos, tos, poca dificultad para respirar, como cuando uno está enfermo”, contó Mariángela Jiménez, hija de don José Guillermo.

El día que ella salió de su aislamiento, 17 de noviembre, su papá cayó muy enfermo.

“Me hicieron el TAC y me internaron en el CIMA, no recuerdo nada de ese ingreso. De acuerdo con lo que me ha dicho mi hija, el doctor dijo que los infiltrados estaban evolucionando muy peligrosamente y que él recomendaba mandarme al Hospital México”, contó el paciente.

Así fue: el 19 de noviembre lo trasladaron al centro médico público. Su condición era tan crítica que fue pasado casi de inmediato a la Unidad de Cuidados Intensivos para ser intubado.

A partir de ese momento, él entró en un coma inducido por dos meses.

“Estando en el Hospital México le pasa de todo. Le ponen el ventilador y no aguantó, le tuvieron que hacer una traqueostomía para poder ventilarlo, hubo un paro pulmonar, tuvo una coagulopatía que básicamente sangraba por todo lado”, contó Mariángela.

“Es de los pocos pacientes vivos de este planeta que tuvo la hemoglobina en 2. Le tenían que hacer hasta cinco transfusiones al día porque perdía demasiada sangre. Tenía las plaquetas por el piso, necesitó un remplazo renal total, se le puso la máquina de hemodiálisis” añadió.

Para ese momento Jiménez ya estaba agonizando, estaba frío y morado, según cuenta su hija. 

Los doctores, literalmente, estaban a la espera de que "Dios tomara la decisión”. Medicamente se había hecho todo lo que se podía. “Nada más estaban esperando que el cuerpo se apagara. Él estaba frío, morado”.

Despedida

Ya cuando no había nada que hacer, Mariángela entró a despedirse de su papá, quien estaba a punto de morir, según los médicos.

“Yo me puse ese traje espacial, pedí que me dejaran estar con él una vez más, me metí con él y empecé a llamar a todos y que dijeran lo que quisieran decirle. Fue desgarrador. Toda la familia se despidió uno por uno. Lo dejamos ir”.

“Le dije que si estaba agarrado de la vida por nosotros que se fuera tranquilo, que íbamos a estar bien, que todo iba a estar bien y que se podía ir a descansar. Pero también le dije que si quería seguir luchando por voluntad propia, si quería dar hasta la última de fuerza por su vida, que lo íbamos a apoyar y estar detrás”, añadió su hija.

Mariángela salió del hospital directo a arreglar las cosas para el funeral de su papá. Nada más estaba a la espera de una llamada.

Pero algo pasó. De repente, todo empezó a mejorar.

Primera esperanza

Don José Guillermo mejoró, sus pulmones comenzaron a funcionar, incluso se despertó del coma unos días. En ese momento ya lo habían ubicado en Cuidados Intensivos del área regular, no en COVID.

Pero no pasó mucho tiempo para que las esperanzas volvieran a caer.

Un hongo en uno de sus pulmones lo metió de nuevo en coma. Los sangrados continuaron, las transfusiones también: estaba, otra vez, a punto de fallecer.

Segunda esperanza

Contra todo pronóstico, el paciente mejoró. De nuevo lo despertaron. Pero, días después, volvió a caer.

Jiménez inició con ataques convulsivos “que no se sabe de dónde vinieron”, según cuenta su hija. Esto provocó que regresara al coma e incluso tuviera un poco de muerte cerebral.

“Fue un subibaja. Era una cosa de esperanza y de desesperanza, un momento estaba bien y otro momento ya lo estábamos perdiendo otra vez”, contó.

“Un milagro de Dios”

Era su tercera vez agonizando: el adulto mayor empezó de nuevo a mejorar y decidieron despertarlo.

“Vamos a despertarlo y dijimos que probablemente tenía problemas visuales, no teníamos idea”, contó Mariángela.

Despertó con delirios importantes y su pierna derecha no funcionaba bien.

“Hubo un tiempo que tuvo que estar amarrado, pegaba gritos, estaba muy asustado. Su delirio fue que iba en un avión y que estaba en un campo de concentración en Argentina, que la nieta se había muerto. Pasamos por etapas tremendas en que su vida literalmente estuvo en juego y estuvo a momentos de morir”, contó a Teletica.com.

Según José Guillermo, él no se acuerda de absolutamente nada de cuando estuvo intubado. Nada más tiene dos leves pensamientos.

“Hubo en ese periodo dos sueños de que había ido a Argentina, a Colombia, a Puerto Rico a unos Juegos Olímpicos, pero yo ya estaba sin poder caminar. Hubo otros dos episodios donde yo sentía que me despertaba, me sentía bien y luego desaparecía la sensación”, dijo.

Para sus familiares, él es un total y completo milagro de Dios.

¡Al fin en casa!

El 1° de febrero la familia recibió la mejor noticia de su vida: don José Guillermo iba a regresar a la casa.

Llegó con 22 kilos menos, sin caminar y con anemia, pero regresó vivo.

Actualmente va mejorando su salud, no ha subido mucho de peso y está aprendiendo nuevamente a caminar. Recibe oxígeno algunas veces en su casa y sesiones de fisioterapia todos los días.

“Antes me alzaban, yo ponía el pie y era como un “chuica”. Ya ahora no, de hecho hoy el muchacho que me ayuda me llevó al baño y por primera vez en cuatro meses recibo agua de una ducha. Desde que estaba en el hospital y aquí la limpieza era con un trapito. Ya ahora me puedo sentar en una silla especial en el baño y tengo una mayor limpieza”, contó José Guillermo con voz de alegría.

“Todavía no estoy preparado para irme”

La familia ahora está viviendo una etapa muy dura, pero con mucho agradecimiento.

En el caso de Mariángela, ella asegura que no hay que subestimar la enfermedad y deja muy claro que su enseñanza más grande es que los papás no son eternos.

“Hay que aprovechar a la familia mientras uno la tiene, uno nunca sabe cuándo van a faltar. Uno cree que los papás son infinitos y a veces somos egoístas, por pleitos pequeños uno pierde el tiempo. Uno debería de aprovecharlos mientras los tenga. Yo jamás en mi vida pensé que esto le fuera a pasar a mi papá”, manifestó.

“Yo veía '200 personas internadas en UCI', o sea, 200 familias igual que yo llorando por personas internadas en UCI”, añadió.

Por su parte, don José Guillermo comenta que ahora valora los pequeños detalles que antes ni notaba, como ducharse, por ejemplo.

 “No bajen la guardia. Si eventualmente les da la infección, tengan el coraje para seguir adelante”.

Dijo estar muy agradecido con las personas que estuvieron al tanto de él. Ahora está volviendo a dar consulta virtual a sus pacientes.

“Todavía no estoy preparado para irme”, concluyó Jiménez.