¿Por qué Costa Rica no tuvo casos de chikungunya en nueve años?
El Ministerio de Salud mantiene una campaña de fumigación en Esparza, Puntarenas, tras la aparición del primer caso en casi una década.
Durante casi una década, Costa Rica no reportó casos de chikungunya, una enfermedad viral transmitida por el mosquito Aedes aegypti; sin embargo, para la máxima autoridad sanitaria del país, no es extraño que pasen largos periodos sin la presencia del virus.
Desde el Ministerio de Salud, la explicación apunta al comportamiento natural del virus. Según la institución, el chikungunya se manifiesta en epidemias cíclicas, que pueden repetirse en periodos que van desde los cuatro hasta los 30 años.
En esos picos, las tasas de ataque pueden alcanzar entre un 38% y un 63% de la población expuesta, mientras que en los periodos intermedios la circulación del virus puede ser mínima.
Durante esos años sin brotes, aseguran las autoridades, Costa Rica mantuvo una vigilancia activa basada en laboratorio, a través del Centro Nacional de Referencia en Virología del Inciensa, así como acciones permanentes de control del mosquito vector mediante el programa nacional de manejo de Aedes aegypti. Es decir, la ausencia de casos no se atribuye a un descuido, sino a la dinámica propia de la enfermedad.
Sin embargo, desde la academia surge una lectura distinta.
El epidemiólogo de la Universidad Nacional (UNA), Juan José Romero, plantea que no es posible afirmar con certeza que el virus haya dejado de circular por completo durante todo ese periodo. Su hipótesis —aclara— no se basa en evidencia directa, sino en razonamiento epidemiológico.
Romero señala que, en esos mismos años, Costa Rica enfrentó incrementos sostenidos y muy elevados de dengue, con decenas de miles de casos anuales en algunos periodos. Ambas enfermedades comparten el mismo vector, zonas geográficas similares y síntomas que pueden confundirse, como fiebre, malestar general y dolor articular.
“Cuando una enfermedad es muy abundante, es la que más se tiende a diagnosticar”, explica el epidemiólogo. En cambio, una enfermedad menos frecuente ve reducida su probabilidad de ser detectada, especialmente si presenta síntomas parecidos y el abordaje clínico inicial, así como el uso de acetaminofén, es el mismo.
Desde esta perspectiva, el problema no habría sido necesariamente la ausencia del virus, sino una subdetección del chikungunya, absorbido estadísticamente por el peso del dengue dentro del sistema de salud. El epidemiólogo insiste en que, de validarse su hipótesis, no es lo mismo decir que el virus no estuvo, sino que no se diagnosticó.
Así, la ausencia de casos reportados durante nueve años puede explicarse desde dos miradas complementarias: por un lado, el ciclo natural del virus, que puede pasar largos periodos sin generar brotes visibles; y por otro, la dificultad diagnóstica en un contexto dominado por otra enfermedad más prevalente, transmitida por el mismo mosquito.
Salud mantiene tres ciclos activos de fumigación en Esparza, Puntarenas, para evitar la propagación epidemiológica del vector.

