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En este país algunas cosas son ilógicas, pero hay otras aún peores. Se supone que los niños deben ir a la escuela, pero aquí más bien los sacan.

Esa es la historia de los alumnos de la escuela de playa Brasilito en Santa Cruz, Guanacaste.

El terremoto del 2012 devastó las instalaciones y desde entonces 145 pequeños reciben clases a la intemperie.

Uno podría entender que los chiquitines reciban clases al aire libre como parte de una gira ecológica, pero que pasen más de dos años y medio así es realmente indignante.

Por eso ladramos en el Ministerio de Educación Pública (MEP) con el fin de averiguar que sucede.

Walter Muñoz, director de Infraestructura, explicó que ha habido algunos problemas porque los padres quieren que se construya la escuela en el mismo lugar, pero eso es imposible porque el terreno está dentro zona marítima terrestre, sin embargo aseguró que ya trabajan en una opción definitiva.

El MEP está en la disposición de construir aulas temporales siempre y cuando los padres estén de acuerdo, y también se comprometió a equipar completamente la nueva escuela, así como poner transporte a disposición de los estudiantes que lo necesiten.


Por más hambre que tengan, Paola Ordeñana y Mario Sánchez lo pensarán dos veces antes de pasar a Burger King (BK). Y no precisamente porque no les guste el Whopper, sino por motivos de seguridad.

El 30 de diciembre del año pasado, Mario pasó con su novia y su bebé al Burger King de Nicoya.

Luego de comer, se llevaron la desagradable sorpresa de que alguien les quebró la ventana del carro y se llevó el bolso del pequeño Tomás, con todo lo que un bebé de cuatro meses necesita para pasar 10 días fuera de su casa.

Mario presentó la denuncia formal ante el OIJ y su reclamo ante la gerencia del restaurante. Según dice, en un principio hasta les pidieron una proforma con las cosas que llevaban en el bolso. Sin embargo, hasta la fecha no les han asegurado ni un cono gratis.

En el pasado, la Sala Primera determinó que los comercios sí son responsables de lo que suceda en los parqueos, pues se consideran parte del servicio que ofrecen a los clientes.

Con eso en mente llamamos a Waldier Umaña, gerente financiero de BK. En primera instancia contestó y se dejó nuestros datos. Aseguró que debía consultarles el caso a sus superiores y que después nos devolvería la llamada.

Como no lo hizo, le enviamos un mensaje un mensaje de texto y lo llamamos varias veces más, pero no contestó. Suponemos que el servicio rápido aplica solo en restaurantes.

Fieles a nuestro estilo seguiremos insistiendo hasta obtener una respuesta, siempre enérgicos pero en un marco de total respeto; a fin de cuentas hablando se entiende la gente y no hace falta llegar a otros medios.