Por Stefanía Colombari 31 de mayo de 2026, 14:28 PM

Mientras un pensionado del régimen de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM) que vive en Montes de Oca recibe, en promedio, ¢470.062 al mes, uno que reside en Río Cuarto de Alajuela obtiene apenas ¢159.597. La diferencia supera los ¢310.000 mensuales y refleja una realidad que, según especialistas, evidencia las profundas desigualdades que han caracterizado históricamente al mercado laboral costarricense.

Así lo concluye un análisis realizado por el Centro Internacional de Política Económica para el Desarrollo Sostenible (Cinpe) de la Universidad Nacional (UNA), que examinó la distribución territorial de las pensiones del IVM, que actualmente cubre a cerca de 399.000 personas.

Los datos muestran que los montos promedio más altos se concentran en cantones de la Gran Área Metropolitana, como Curridabat, Montes de Oca, Moravia, Escazú y Santa Ana. 

En contraste, las pensiones más bajas se registran en cantones rurales y costeros como Río Cuarto, Guatuso, Guácimo, Talamanca, Sarapiquí y Matina.

Para el economista y coautor del estudio, Leiner Vargas, estas diferencias son el resultado de décadas de disparidades salariales y de oportunidades laborales entre las distintas regiones del país.

“La pensión del IVM representa aproximadamente un 60% del último salario reportado. Entonces, si una persona hoy recibe una pensión cercana a los 200 mil colones, eso significa que durante su vida laboral probablemente ganaba entre 350 mil y 400 mil colones mensuales”, explicó Vargas.

El hallazgo cobra relevancia en momentos en que la Gerencia de Pensiones de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) analiza una serie de propuestas para mejorar la sostenibilidad financiera del IVM. Entre ellas figura una reducción de la tasa de reemplazo, es decir, del porcentaje del salario que recibe una persona al jubilarse, pasando del 60% actual a un rango de entre 40% y 43%. 

Según Vargas, una medida de este tipo tendría efectos particularmente severos para quienes ya se encuentran en los rangos más bajos de ingreso.

“Estamos hablando de miles de familias que dependen de esa pensión, personas que viven solas o que conformen unidades familiares más grandes, con un cónyuge o a veces que tienen a su cargo incluso a nietos. Si aceptáramos la propuesta de la Gerencia de Pensiones de la Caja, que esperamos discutir pronto, llevaríamos esos ingresos a niveles raquíticos de 100 mil o 150 mil colones”, afirmó el economista.

El investigador considera que el debate sobre la sostenibilidad del IVM no puede limitarse únicamente a variables financieras, sino que debe incorporar la dimensión social y territorial del régimen.

Además, el impacto no se limitaría a quienes reciben la pensión. Vargas señala que una reducción en los ingresos de los jubilados también afectaría la economía de numerosos cantones, especialmente aquellos donde las pensiones representan una fuente importante de consumo local.

Vargas también señaló que existe un mito generalizado al catalogar al IVM como un régimen de pensiones de lujo.


“Es injusto catalogar a todos los sistemas como de lujo. En el régimen IVM, en el que cotizan la gran mayoría de costarricenses, no hay pensionados de lujo. Hoy la pensión máxima a la que pueden aspirar es de un 1.700.000 aproximadamente. Si vemos los rangos promedio de pensión por cantón tan bajos y nos vamos a zonas rurales a ver estas realidades es cuando más debemos quitarnos el chip que nos han querido insertar y más bien entender que muchas personas viven, como se dice popularmente, raspando la olla”, aclaró Leiner Vargas.

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