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Con el objetivo de reducir costos, más en tiempos de pandemia, se ha visto como en nuestro país aumenta la cantidad de las denominadas cocinas ocultas. Hablamos de locales que se dedican a la producción de alimentos, pero carecen de un salón para atender a clientes.

Este modelo de negocio inició hace 20 años en Europa y Estados Unidos y ahora se extiende por Latinoamérica.

Para empresarios, como los agrupados en la Cámara Costarricense de Restaurantes (Cacore), el modelo es válido siempre y cuando se realice de manera formal, apegado a los requerimientos de las autoridades como municipalidades, Salud y Hacienda.

Pero a raíz de la pandemia muchos de estos negocios han surgido sin que se tenga certeza de que tan amparados están a la ley, lo que podría afectar a municipalidades, Hacienda, Caja Costarricense de Seguro Social y Salud.

Un pilar fundamental para este tipo de negocios es el apoyo de las aplicaciones de servicio express que no verifican si a quien prestan el servicio cumple o no con todos los requisitos de ley.

Cifras de Cacore señalan que antes de la pandemia en el país había 19 mil restaurantes o negocios similares, se estima que por esta crisis hasta 6 mil pudieron haber cerrado y la cantidad de cocinas ocultas que surgieron en medio de la crisis es desconocido.