Última Hora

Este próximo viernes se cumplirá el primer aniversario del fatídico paso de Otto por Costa Rica, el huracán más mortífero en la historia del país y el primero en atravesar el territorio nacional de costa a costa.

Otto, que azotó Costa Rica la noche del 24 de noviembre con vientos de 120 kilómetros por hora, dejó una estela de destrucción en 13 cantones y 10 personas fallecidas.

En solo unas horas el fenómeno depositó sobre el país la lluvia de un mes, consumió bajo al menos un metro de agua el centro de Upala y arrasó con dos poblados de Bagaces y Bigajua.

Su huella, perenne en la memoria, tampoco se borra en las calles de esos dos cantones, los dos que cargaron con lo peor de Otto. 

De ahí salieron ₡57.000 de los ₡106.000 millones en los que se estimaron las pérdidas. También todos los fallecidos.

El Gobierno definió un presupuesto de ₡130.000 millones y 945 proyectos necesarios para atender la emergencia, la mayoría en labores de infraestructura.

Y aunque los gobiernos locales y el central coinciden en que se avanza con celeridad, la administración Solís Rivera se fijó como meta terminar 66 de estos antes del traspaso de poderes en mayo próximo: ₡22.000 millones de los cuales a la fecha se han ejecutado solo ₡9.000.

El comisionado de la emergencia, Mariano Figueres, hace un balance positivo de los avances pero reconoce que la burocracia estatal y las condiciones climáticas adversas del país han quedado reflejadas en este panorama.

“El balance creo que es muy positivo especialmente por la coordinación entre la parte técnica y la política, pero no estaremos satisfechos hasta que saquemos la labor al final del Gobierno.

“Sin embargo somos un país muy respetuoso de nuestra institucionalidad y marco jurídico, por eso través de los años se nos han acumulado leyes y reglamentos que no atienden adecuadamente situaciones de emergencia.

“Los trámites que normalmente son aceptables para tratar de que se ejerza una función pública transparente, cuando se viene a una situación de emergencia son totalmente inadecuados”, aseguró.

De esos 66 proyectos 16 ya finalizaron, la mayoría labores de limpieza y canalización de ríos, trabajos cuya importancia, aseguró Figueres, quedó demostrada con el paso de la tormenta Nate en octubre anterior.

44 proyectos más ya empezaron, incluidos la construcción e instalación de nueve puentes en Upala, Bagaces y Pococí y la construcción de caminos y carreteras destruidas.

Y aunque la infraestructura es el primer y más importante paso en la atención de los daños, Figueres es consciente de que ninguno es más sensible que la vivienda, y ahí el panorama es menos claro.

Crítico

En su último corte, el Ministerio de Vivienda y Asentamientos Humanos (Mivah) contabilizó 86 familias de Bagaces en condición de traslado y 77 en Upala.

En el caso de los primeros ya se gestionan soluciones para 27, en los segundos esa cifra alcanza las 35.

De estos se excluyen casos extremos como el de cinco familias de indocumentados para los que el Gobierno no puede aportar solución pues están fuera de la ley, o la situación de Rolando Pichardo, un vecino de Bigajua de Upala que perdió a su hija y esposa en la emergencia y por lo tanto a su núcleo familiar, requisito indispensable para buscar un bono de vivienda.

El ministro de esa cartera, Rosendo Pujol, confirmó que en este último caso la empresa privada intervendrá para ayudarlo. Por este camino ya se han entregado cuatro viviendas y se espera poder donar 11 más próximamente.

El camino gubernamental, reconoce Pujol, es mucho más lento, porque lo que él mismo no puede prometer que haya ni siquiera un caso resuelto antes del cambio de Gobierno.

Mientras tanto, las familias que perdieron sus viviendas o fueron desalojadas por estar en zonas declaradas inhabitables viven de un alquiler de ₡100.000 que les otorga el Instituto Mixto de Ayuda Social y que se acaba en diciembre próximo.

Todos ellos esperan por una respuesta todavía incierta, mientras que otros aseguran que valoran regresar a sus casas aún en contra de la voluntad de las autoridades.

Para ellos la vida ha seguido aunque sea a trompicones, lo mismo que para sus pueblos.

Un piso de lo que fue una vivienda o las ruinas de otras que ahora reclama la maleza son todos recuerdos de aquel monstruo que los golpeó hace un año.