Por Dudly Lynch 9 de octubre de 2026, 15:02 PM

Hace diez años, un grupo de mujeres de Isla Venado, en el golfo de Nicoya, decidió actuar ante una situación que amenazaba su entorno y su forma de vida: la disminución de los manglares.

Lo que comenzó como un esfuerzo por recuperar estos ecosistemas se convirtió en una labor que hoy involucra a 16 mujeres de la comunidad, quienes dedican tiempo y recursos propios a la reproducción y siembra de árboles.

Son pescadoras, molusqueras, artesanas y costureras. La más joven tiene 18 años y la mayor, 62. Aunque sus actividades son distintas, comparten una misma preocupación: proteger el lugar donde viven y los recursos naturales de los que dependen sus familias.

Su trabajo va mucho más allá de sembrar árboles. Cada ejemplar requiere un proceso de preparación y cuidado que comienza con la recolección de semillas y continúa en un centro de acopio.

Allí, las semillas pasan por un proceso que se extiende aproximadamente durante tres meses, hasta que están listas para regresar a su entorno natural.

Después, las mujeres trasladan los árboles a distintos sectores de Isla Venado, entre ellos La Penca, Albina, Catrasal y Florida, donde trabajan en la recuperación del manglar.

A la fecha, han sembrado alrededor de 1.000 árboles, como parte de un esfuerzo sostenido durante la última década.

Un ecosistema que también sostiene a las familias

La decisión de involucrarse en la conservación surgió al notar que el manglar estaba disminuyendo. Para estas mujeres, la pérdida de este ecosistema representaba una amenaza que iba más allá del daño ambiental.

Muchas se dedican a la extracción de moluscos, una actividad vinculada directamente con los ecosistemas de manglar. Por eso, recuperar estas zonas también significa contribuir a proteger sus oportunidades de trabajo y el sustento de sus familias.

En lugar de esperar a que otras personas atendieran el problema, se organizaron y comenzaron a trabajar en la reproducción y siembra de árboles para recuperar las áreas afectadas.

Su esfuerzo adquiere especial relevancia por la riqueza natural de la isla: en Isla Venado están presentes las siete especies de manglar que existen en Costa Rica.

Este patrimonio natural es parte de lo que las 16 mujeres buscan conservar mediante su trabajo diario, en una labor que combina el conocimiento adquirido con la experiencia y el compromiso comunitario.

Un proyecto que se sostiene con recursos propios

La iniciativa también implica un esfuerzo económico. El grupo financia sus actividades con recursos propios y con el dinero que obtiene de sus ventas.

Con esos ingresos compran las bolsas, los materiales y otros insumos necesarios para mantener el proceso de reproducción de los árboles y continuar con las jornadas de siembra.

Cada nuevo ejemplar requiere tiempo, dedicación y recursos. Sin embargo, las mujeres mantienen su compromiso con la recuperación de un ecosistema que consideran fundamental para el futuro de Isla Venado.

Por su perseverancia, su trabajo comunitario y su compromiso con la protección de la naturaleza, estas 16 mujeres son reconocidas como Heroínas del Ambiente.

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