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“Lo tedioso y lento de los trámites conforman una barrera que impide un crecimiento más ágil. Si ya este era un problema, con la pandemia quedó evidenciada la ineficiencia en la tramitología y sus sistemas obsoletos”, detalla la Cámara Costarricense de la Construcción como parte de las dificultades que enfrenta el sector que ya contabiliza casi dos años de caída permanente.

El sector alega que han sido insistentes con las autoridades, en hacerles ver la necesidad de reactivar la actividad, por medio de propuestas como: la necesidad de aplicar reformas para la modernización de instituciones como Acueductos y Alcantarillados y la Secretaría Técnica Nacional Ambiental (SETENA).

“Otro punto en el que hemos sido categóricos es en que la obra pública debe continuar. Sabemos que la pandemia afectó aún más la ya crítica situación de las finanzas públicas, pero es imperativo que el gobierno logre distinguir la gran diferencia que existe entre los términos “gasto” e “inversión”. El gasto ineficiente solo contribuye al incremento injustificado del déficit fiscal, mientras que la inversión en obra pública produce reactivación en el sector productivo y con ello produce los empleos que tanto necesitan los costarricenses” comentó Esteban Acón, presidente de la Cámara de la Construcción.

En una encuesta realizada por la empresa Deloitte, se muestran 163 empresas del sector que han tenido que optar por suspender proyectos, lo que reduce inmediatamente la generación de empleo.

Como parte de los resultados se detalla que las empresas consideran que el año 2020 sufrió y sufre un alto impacto económico. Entre ellos, un 45% asegura que la mayor afectación es consecuencia de la paralización de obras, un 27% lo atribuye a la situación política y económica del país, que genera incertidumbre y un 3% señala que los créditos bancarios y los presupuestos han disminuido de manera importante.

Un 76% de las empresas tuvo que modificar el sistema de negocio, en los que se contemplan: disminución de costos y recursos, y el mejoramiento de procesos; un 57% debió recurrir a planes financieros; un 38% optó por nuevos canales de comercialización y un 37% rediseñó sus servicios. 

Si de reducción de jornadas laborales se trata, un 51% de las empresas no han optado por este recurso.

“Somos un motor fundamental de la actividad económica del país e importante generador de empleo directo e indirecto, por el elevado poder de arrastre en otras actividades económicas vinculadas. Generamos oportunidades laborales para todos los niveles de ingreso y especialmente para los trabajadores más vulnerables”, comentó Acón.